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Máster oficial de Educación y TIC (e-learning)

Máster oficial

El objetivo del máster es ofrecer una formación innovadora y de calidad en uno de los ámbitos emergentes de la sociedad de la información: el aprendizaje total o parcialmente virtual (e-learning).

Objetivos
Plan de Estudios
Modularidad
Profesorado

Requisitos académicos
Titulación oficial

El máster oficial de Educación y TIC tiene como objetivo la formación de docentes, diseñadores, gestores y administradores del mundo educativo y empresarial, impulsados por su necesidad de mejora y que quieren sacar el máximo provecho de las TIC para la educación y la formación. En concreto va dirigido a los profesionales que quieran optimizar los procesos que intervienen en la demanda, diseño, configuración e integración del conjunto de elementos de un proyecto de aprendizaje virtual, tanto en el ámbito directivo y de gestión como en el del diseño instruccional y tecnológico.

El máster también va dirigido a aquellos que quieran desarrollar su tesis doctoral en el ámbito de la educación y las TIC, siguiendo el itinerario de investigación que se ofrece.

El máster te ofrece la posibilidad de especialización en tres ámbitos diferentes: dirección y gestión de proyectos e instituciones; diseño de programas, entornos y materiales con apoyo de las TIC (e-learning), y procesos docentes con la aplicación de las TIC. Además, podrás decidir si quieres disponer de un máster académico opción profesionalizador, siguiendo uno de los dos itinerarios que te ofrece el programa. Esto es, el de búsqueda, dirigido fundamentalmente a las personas que quieran seguir después con el doctorado, y el itinerario profesionalizador, dirigido a las personas que quieran realizar un proyecto final del ámbito profesional de la titulación.

La duración del máster es de un año, si bien la UOC prevé que se pueda hacer en 2 años (4 semestres) para todas aquellas personas que lo quieran compatibilizar con su tarea profesional.

Por otro lado, estudiar en el Campus Virtual te permitirá aprender a moverte en un entorno virtual de formación, cuyo conocimiento será una experiencia personal útil y un valor añadido en el dominio de nuevas herramientas y medios tecnológicos, cada vez más presentes en los diversos ámbitos educativos.

las TIC en EDUCACÓN por JOSÉ A. GABELAS

Las TIC en la educación. Una perspectiva desmitificadora y práctica sobre los entornos de aprendizaje generados por las nuevas tecnologías[*]

José A. Gabelas Barroso

Profesor de Multimedia y Comunicación de la UOC
jgabelas@uoc.edu

Resumen: Algunos autores afirman, y nosotros lo firmamos, que la tecnología es ideología. No se trata sólo de saber "usar" los medios y las llamadas nuevas tecnologías. Ni la tecnología es neutra, ni la mirada inocente. Desde una perspectiva desmitificadora y crítica planteamos un análisis del impacto de las TIC, partiendo de que el reduccionismo tecnológico al que nos conduce y somete el imperio del marketing, exige un planteamiento. Un por qué y para qué utilizamos estos medios. La compleja fenomenología de las pantallas invita, hoy más que nunca, a que los educadores hagamos una reflexión sobre el valor de la comunicación en el encuentro presencial y virtual.

1. Introducción

Internet hoy forma parte del oxígeno que respiramos. Este ecosistema digital impregna todas y cada una de las actividades humanas. Sin embargo, como todo fenómeno que agiganta su impacto en poco tiempo, precisa una reflexión y un debate. Hace treinta y cuatro años U. Eco escribió Apocalípticos e integrados, en donde calificaba a los que estaban en contra y a favor de los medios de comunicación de masas (a partir de este momento MCM). Ahora tenemos otro debate abierto frente a las llamadas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Desde las instituciones escolares y académicas este debate adquiere una polémica paradoja. Por un lado, los organismos gubernamentales nos dicen que es necesario ampliar la cultura de las humanidades –estaríamos en una línea apocalíptica, puesto que esto implica reducir los horarios de otras materias más tecnológicas, así como algunas optativas–, pero, por el otro, al mismo tiempo nos venden grandes proyectos que se sostienen en el reparto de ordenadores, planes de conexión y muchos cursos informáticos. Mientras tanto, en los centros y escuelas sigue funcionando la pizarra y, salvo honrosas excepciones, las salas de informática sólo sirven para repetir los tradicionales esquemas de transmisión de conocimientos en los que sólo interesan los programas y el docente.

Hay quien dice que nada cambia si no cambia la mentalidad. La compleja fenomenología de las pantallas mete mucho miedo en el cuerpo de los docentes. Los motivos son muchos y diversos, pero qué duda cabe que el tren de la sociedad corre más que el de la escuela. ¿Podemos seguir enseñando desde las batallitas de los libros de texto cuando la información circula a velocidades de vértigo por las autopistas de la Red? Es obvio que el rol del profesor no debería ser el de depositario del saber, el de portador de la palabra y de la información. Tampoco la comunicación puede ser unidireccional y jerárquica. Ni podemos seguir teniendo como referencia la unidad espacial de las cuatro paredes del aula, ni como tiempo de aprendizaje el horario lectivo. Quizás podríamos empezar a perfilar un educador mediador, facilitador de procesos de aprendizaje, en el que lo esencial es el sujeto estudiante. ¿Qué retos y exigencias conlleva una revolución digital que se implica e integra en los distintos entornos educativos?

Desde el año 1996, la universidad virtual[1] desarrolla un modelo educativo con una metodología educativa no presencial, que podemos explicitar del siguiente modo: "Conjunto de espacios, servicios, informaciones, comunicaciones, contenidos generados por personas que se sirven de técnicos informáticos y telemáticos, a partir de un entramado de estrategias orientadas a tomar, manipular, transferir y dirigir información, con la finalidad de transmitir conocimiento en unas coordenadas espacio-temporales asincrónicas y no físicas, tan reales como las presenciales". Este modelo integra plenamente la revolución digital, lo que supone romper las tres unidades de la escuela tradicional: la unidad de espacio, representada en el aula; la de tiempo, determinada en las programaciones curriculares, y la de contenido, centrada en las materias o áreas. También supone, por otro lado, un cambio de mentalidad y de rol en el educador. De profesor transmisor a facilitador, a mediador de procesos de aprendizaje, con una capacidad, habilidad y aptitudes para transformar la información en conocimiento.

El contexto mediático que se ha ido generando a lo largo de este último siglo y, sobre todo, los entornos virtuales que han producido las llamadas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) en estas últimas décadas, nos obligan a definir con una nueva perspectiva el fenómeno de la comunicación. Ésta se ha convertido en un concepto comodín que se emplea para todo, de modo que ha adquirido ciertas connotaciones que merecen un análisis más detallado para desbrozar ideologías presentes, aunque no aparentes. La comunicación es poliédrica, nos permite observar al menos tres dimensiones, que están estrechamente relacionadas y se complementan. En primer lugar, cualquier pueblo, cualquier civilización ha nacido y ha crecido desde la narración, desde el relato. Occidente debe a la Ilustración sus principios fundamentales que hoy son santo y seña de todas las cartas constitucionales. En segundo lugar, entendemos por comunicación el combinado de los medios de comunicación de masas, que a lo largo de un siglo ha dejado una huella muy profunda en nuestra sociedad, especialmente la televisión. Añadamos a ello la creciente importancia que tiene el entramado informático –telemático y audiovisual–, que ha cambiado vertiginosamente nuestra manera de entender el mundo y nuestras relaciones. Por último, no podemos olvidar ese conjunto de símbolos, valores, normas, representaciones que forman la llamada "cultura posmoderna", con sus múltiples signos y manifestaciones. Si bien éste es el marco en el que se debería resituar la comunicación, observamos que el discurso oficial no va en esa dirección. Se ignora la comunicación como relato y como manifestación cultural para enfatizar lo tecnológico. Desde este reduccionismo la publicidad vende números sin fin de ordenadores porque nos dicen que indica el nivel de progreso y desarrollo de un país y de sus ciudadanos. Todos los medios en todo momento se ponen de acuerdo para decirnos lo mismo. Se cumple una vez más la profecía de M. McLuhan cuando exponía que el medio es el mensaje y también el masaje, por cuanto desde la repetición de todos los medios en todo momento se nos impone como cierto lo que no lo es. Pero también observamos que la realidad es mucho menos multimedia de cómo nos la venden.

¿Por qué nos gusta y nos atrae tanto la tecnología? D. Wolton[2] afirma que se produce un conjunto de transferencias. Se asocia tecnología a juventud, lo que supone modernidad, igualdad, libertad de acceso y desplazamiento. De hecho, el ochenta por ciento de programas informáticos dirigidos al gran público son juegos, según los datos que ofrecía el periódico Libération en agosto de 1998. También se asocia tecnología a utopía. La utopía de la Red que predica de modo directo o implícito el lema que delante de los ordenadores todos somos iguales.

Volviendo a la realidad, observamos que sólo el ochenta por ciento de los ciudadanos están conectados a la Red. Que el perfil del internauta es varón, blanco y de clase media o media-alta. Que nunca tantos han sido incomunicados por tan pocos. Tomamos y hacemos nuestras las palabras de E. Galdeano cuando afirma que "estamos ante un mundo sin alma; no hay pueblos, sino mercados; ciudadanos, sino consumidores; naciones, sino empresas; relaciones humanas, sino competencias mercantiles". Si la comunicación se reduce a tecnología y mercado estamos convirtiendo nuestras relaciones en puro intercambio comercial, con lo que alimentamos la triste espiral del que más tiene, más invierte, para tener más. Las grandes empresas venden a los que tienen; los que carecen de poder adquisitivo sencillamente no existen. Ya lo afirma con un amplio registro de eufemismos N. Negroponte en su obra Digital men: o eres digital o no existes. El costo social ya lo conocemos: grandes partidas presupuestarias que deberían emplearse en proyectos de educación o sanidad se destinan a compras de materiales informáticos que sólo son aprovechados por unos pocos o que se apolillan en los almacenes o estanterías de los centros porque no hay nadie que los gestione con una visión de desarrollo comunitario.

Nuestra propuesta parte de un replanteamiento de la comunicación que tenga en cuenta las otras dimensiones, la social y la cultural. Como manifiesta D. Wolton, es preciso vaciar el falso discurso de que la comunicación es progreso y futuro. No puede haber teoría de la comunicación sin la implicación social. Urge, por tanto, socializar las nuevas tecnologías, humanizar la comunicación. Esto supone separar la comunicación del problema de la productividad; entrar en el terreno de la comunicación como valor, no como mercancía. De lo contrario tropezamos con las duras palabras de F. Colombo: "El Edén de la Red está al otro lado de una cancela que se está abriendo… solamente para unos pocos… Diferentes jerarquías de cerebros manejarán los ordenadores, jugarán y experimentarán con ellos. Para los excluidos queda el juego interactivo… para llenar un inmenso tiempo libre". Las alegorías de Blade Runner y Matrix son una buena ilustración de lo que está ocurriendo.

Consideramos que las TIC no sólo consisten en usar el ordenador o aprender unas nociones de informática. El modelo político en el que hoy se enmarcan es neoliberal, con una clara y única propuesta tecnócrata. Nos dicen y nos repiten que la irrupción y su uso generarán abundancia y bienestar. Como apunta R. Aparici[3], se parte de un problema tecnológico cuando el problema es económico y social: pobreza e injusto reparto de la riqueza. Así pues, también se buscan soluciones en la tecnología, cuando no las hay.

La reflexión de un para qué, de unos modelos de sociedad y persona supone otro modelo de educación. Una nueva forma de aprender y enseñar. Otra comunicación. Esta reflexión resulta muy difícil sin tener en cuenta una serie de añadidos y deformaciones que desde la industria del marketing se ha atribuido a las TIC.

2. Algunos mitos de las TIC

2.1. Con las TIC cambiamos el modelo de la educación a distancia
La educación a distancia ha pasado por tres etapas. En primer lugar, fue el documento impreso, con la publicación de materiales escritos que se intercambiaban. Luego vino la etapa llamada "analógica", con la incorporación del vídeo, la radio y la televisión abierta y por cable. Por último llegó lo digital, caracterizado básicamente por la videoconferencia, las redes y la creación de las aulas virtuales. Hoy tenemos una educación a distancia que integra las tres etapas, pero con la tendencia a repetir con las TIC lo que siempre se ha hecho sin ellas: transmitir y transmitir información, de un modo unidireccional. Se nos antoja pensar que esto ocurre en gran medida porque la jerarquía de las estructuras de mando, gestión y organización chocan con la horizontalidad de la comunicación y su coaprendizaje. Lo importante sigue siendo el sistema educativo, sus contenidos, los saberes y sus portadores (los docentes), los resultados académicos, en vez de los alumnos. El saber no está en un centro cerrado llamado libro o aula, tiene muchos accesos y precisa de la participación de todos para llegar a las redes del conocimiento. César Coll[4] define esta tendencia afirmando que se está generando la idea de que la introducción de las nuevas tecnologías va a comportar un cambio metodológico, de una manera casi mágica, y se pregunta si ese optimismo es sólido o se queda a menudo en lo potencial, en lo posible, antes que en lo real.

2.2. Con las TIC se facilita la comunicación entre todos
De los seis mil millones de habitantes que pueblan el planeta, más de dos mil no tienen acceso a las redes. El alto costo de las comunicaciones virtuales dificulta la igualdad de oportunidades. No en balde, el perfil del internauta está dibujado como varón, blanco, de clase media. A este problema económico tenemos que añadir lo ya dicho sobre el empleo reduccionista de la comunicación. Cuando la escuela incorpora las TIC, ¿qué tipo de comunicación está proponiendo?, ¿qué tipo de educación plantea?

2.3. Con las TIC se afirma que todos estamos más informados
Vivimos en la sociedad del exceso de la información. Nos resulta difícil seleccionar, discernir lo necesario de lo superfluo, lo importante de lo accesorio. Nos falta tiempo y criterios. Mientras el ciudadano usuario se mueve entre la basura informativa del exceso y las sobras, los productores y propietarios de los medios y sus estructuras manejan información selectiva. Ellos conocen e identifican a los consumidores en sus gustos y consumos. Un servidor de Internet o el uso de la tarjeta electrónica permite conocer las necesidades y preferencias. Los lugares, las horas, los productos y los establecimientos de consumo. Se emplean sistemas de información muy sofisticados que nos controlan y nos vigilan. Mientras escribimos estas líneas se publicó, la semana del 16 al 22 de abril de 2001 en el New York Times, un anuncio original que mostraba la fotografía de un teléfono móvil y un eslogan que podríamos traducir como: "Ahora equipado con llamada a tres. Tú, la persona con quien hablas y el gobierno". Resulta ser un anuncio de una campaña publicitaria auspiciada por la Unión Americana para las Libertades Civiles. Cada mensaje que enviamos por correo electrónico, cada palabra que escribimos en un chat o que decimos en un móvil, cada operación o transacción que realizamos con la tarjeta están almacenados en el ordenador de una empresa.

El exceso de información se debe en gran medida a que la tecnología permite localizarse y distribuir desde cualquier parte; lo esencial para producir contenido en Internet es tener información y conocimiento, lo que se traduce –como explica detalladamente M. Castells– en personas con esa información y ese conocimiento, que están sobre todo concentradas en los grandes centros culturales y las grandes áreas metropolitanas del mundo. Con toda la información en la Red, pero no con el conocimiento que se necesita para lo que se quiere hacer. Se trata de saber dónde está la información, cómo buscarla, cómo procesarla, cómo transformarla en conocimiento específico y útil. Se trata de la capacidad de aprender a aprender que tanto se pregona desde los púlpitos ministeriales, aunque la diaria realidad manifiesta lo contrario. Sin accesos, sin infraestructura, sin mentalización, sin preparación es imposible.

2.4. Las TIC y los mitos de la interactividad, la participación y la libertad de expresión
Con los MCM se construyó el simulacro de la realidad. Liderados por la televisión, creemos lo que vemos. Sólo existe lo que sale por la televisión y lo que repiten el resto de medios. Con las TIC se ha impuesto el simulacro de la participación, de la interactividad, de la igualdad. Se confunde interactividad con interacción. Lo primero implica una participación activa de todos los participantes con una máquina, mientras que la interacción sería el proceso que se produce entre seres humanos. Cuando operamos con una máquina sólo podemos seguir el itinerario diseñado previamente por el programador del producto. Como señala R. Aparici en la ponencia citada, no hay forzosamente una correspondencia entre el grado de interactividad de un dispositivo técnico y el nivel de democratización del medio.

En estos últimos años la televisión abandona su epicentro como medio que modela la opinión pública a favor de las redes. La industria del marketing integra los modelos de representación tradicionales en los nuevos medios. La relación entre los tradicionales MCM y las TIC es un tema muy poco estudiado, por lo que se olvida que unos medios no desplazan a otros, sino que aprovechan sus sinergias. La fascinación que ejercen las todavía llamadas "nuevas tecnologías" cubre un deseo muy humano, que poco ha cambiado con el paso de los años: ser joven. Modernidad, nuevas solidaridades, libertad de acceso y desplazamientos, igualdad… son rasgos que aparecen en todos los anuncios. "Delante del ordenador todos somos iguales" sería el eslogan de esta macrocampaña muy bien orquestada por las grandes empresas tecnológicas y entidades financieras.

Internet se ha convertido en el corazón que articula el resto de medios. Tal como apunta M. Castells[5], la Red es el sistema operativo que permite interactuar y canalizar la información sobre qué pasa, dónde pasa, qué podemos ver, qué no podemos ver, y ser, por tanto, el sistema interactivo del conjunto del sistema multimedia. Como ilustración de lo dicho podemos ver la sala de redacción del Chicago Tribune, totalmente integrada en Internet, en la que los periodistas procesan información en tiempo real y de ahí sale hacia éste y otros periódicos en Estados Unidos, una serie de cadenas de radios y varias estaciones de televisión. ¿Cuál es el cambio? Esa información llega y se procesa en tiempo real. Un medio de comunicación masivo, continuo e interactivo que permite el acceso de sus usuarios. La escuela debería recoger este testigo y responder a lo que la actualidad le demanda

tic y educación

Las nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación han evolucionado espectacularmente en los últimos años, debido especialmente a su capacidad de interconexión a través de la Red. Esta nueva fase de desarrollo va a tener gran impacto en la organización de la enseñanza y el proceso de aprendizaje. La acomodación del entorno educativo a este nuevo potencial y la adecuada utilización didáctica del mismo supone un reto sin precedentes. Se han de conocer los límites y los peligros que las nuevas tecnologías plantean a la educación y reflexionar sobre el nuevo modelo de sociedad que surge de esta tecnología y sus consecuencias.

1. La revolución digital

Nadie duda ya de que la llegada de las tecnologías de la información y comunicación han supuesto una revolución tan importante como la que provocó la invención de la escritura o de la imprenta. Pero mientras que los grandes descubrimientos que han marcado la evolución de las civilizaciones se espaciaron en el tiempo, la revolución actual se ha producido en muy poco espacio de tiempo, ha invadido todos los sectores de la vida social y está en vías de modificar las bases de la economía.

A la base de la revolución digital se encuentran tres grandes áreas: la electrónica, la digitalización y las telecomunicaciones. La electrónica propició en una fase preliminar el desarrollo de aplicaciones analógicas: teléfono, radio, televisión, registros magnéticos de audio y video, fax, etc. La digitalización ha proporcionado un sistema más abstracto y artificial de representación de la información, ya sea texto, imagen, audio o vídeo, que mejora los sistemas de almacenamiento, manipulación y transmisión a la vez que facilita el desarrollo de soportes lógicos para interactuar con las máquinas. Finalmente las telecomunicaciones han dado a lo anterior la capacidad de interconexión.

El paradigma de las nuevas tecnologías son las redes informáticas. Los ordenadores, aislados, nos ofrecen una gran cantidad de posibilidades, pero conectados incrementan su funcionalidad en varios órdenes de magnitud. Formando redes, los ordenadores no sólo sirven para procesar información almacenada en soportes físicos (disco duro, disquetes, CD ROM, etc.) en cualquier formato digital, sino también como herramienta para acceder a información, a recursos y servicios prestados por ordenadores remotos, como sistema de publicación y difusión de la información y como medio de comunicación entre seres humanos. Todo ello ha hecho de Internet un fenómeno con el que es preciso contar a partir de ahora en todas las esferas de la actividad humana, incluida la educación.

Las consecuencias de estos avances están provocando continuas transformaciones en nuestras estructuras económicas, sociales y culturales. Su gran impacto en todos los ámbitos de nuestra vida hace difícil que podamos actuar eficientemente prescindiendo de ellas: el mundo laboral, la sanidad, la gestión económica o burocrática, el diseño industrial o artístico, la comunicación interpersonal, la información, la calidad de vida o la educación.

2. La sociedad del conocimiento

Las innovaciones tecnológicas han proporcionado a la humanidad canales nuevos de comunicación e inmensas fuentes de información que difunden modelos de comportamiento social, actitudes, valores, formas de organización, etc. Hemos pasado de una situación donde la información era un bien escaso a otra en donde la información es tremendamente abundante, incluso excesiva. Vivimos inmersos en la llamada sociedad de la información.

El nuevo orden informático se ha convertido en motor del cambio social. La economía y la cultura se ha globalizado. En la sociedad que emerge de la era digital el conocimiento y la información adquieren un valor creciente. Los trabajadores del conocimiento empiezan a dominar el mercado laboral. Los incrementos de productividad de las organizaciones se basan en la mejora del saber, en la innovación permanente del conocimiento aplicado utilizando tecnologías, cada vez más potentes. Así, el capital intelectual se convierte en el nuevo activo para la riqueza de las organizaciones y la gestión de ese conocimiento en una de sus actividades fundamentales.

Sin embargo no todos participan de los avances económicos y culturales. El acceso a las tecnologías y a la información está creando una brecha digital entre quienes pueden acceder y quienes quedan excluidos. El “Libro blanco sobre la educación y formación” (Comisión Europea, 1995) afirma que la sociedad del futuro será una sociedad del conocimiento y que, en dicha sociedad, la educación y formación serán, más que nunca, los principales vectores de identificación, pertenencia y promoción social. A través de la educación y la formación, adquiridas en el sistema educativo institucional, en la empresa, o de una manera más informal, los individuos serán dueños de su destino y garantizará su desarrollo. La cultura de los pueblos determinará su nivel económico.

Partiendo de esta realidad, la Comisión Europea ha elaborado una Estrategia de Empleo que parte de una concepción de la economía basada en el conocimiento. Las líneas fundamentales de actuación pretenden digitalizar Europa y desarrollar tecnologías de futuro. Estos planes de diseño de la futura economía del conocimiento e se han recogido en los programas eEuropa 2005 y eLearning.

Las principales actuaciones de eLearning son: equipamiento de banda ancha en las escuelas, creación de la red de investigación GEANT (mejora del proceso de aprendizaje, difusión de materiales curriculares, acceso a recursos y servicios, identificación de nuevos materiales), implantación de las escuelas del futuro mediante la red de escuelas europeas y la difusión de recursos multimedia entre profesores y otros proyectos específicos para las universidades como el Metacampus o el proyecto Ariadne. El proyecto eEuropa tiene como principales elementos: Internet para investigadores y estudiantes, empleo en la sociedad del conocimiento, alfabetización digital (capacitar, mediante estos recursos, para el trabajo cooperativo, multidisciplinar, comunicación intercultural, resolución de problemas) , correo electrónico y contenidos europeos de redes globales.

3. La sociedad del conocimiento y la educación

El impacto de las nuevas tecnologías y las exigencias de la nueva sociedad se están dejando sentir de manera creciente en el mundo de la educación. La educación está pasando de ser un servicio secundaria a constituirse en la fuerza directiva del desarrollo económico y social.

La sociedad del conocimiento necesita nuevos trabajadores y ciudadanos. Éstos han de ser autónomos, emprendedores, trabajadores creativos, ciudadanos solidarios y socialmente activos. Se impone un cambio radical en el mundo de la educación y formación dado que se exige un mayor papel de los estudiantes individuales. El mercado laboral necesita cada vez más trabajadores flexibles y autónomos. Todo lo cual está promoviendo el concepto de “aprendizaje a lo largo de la vida” y la necesidad de integración entre los sistemas educativos y formativos.

El aprendizaje a lo largo de la vida no solo trata de ofrecer más oportunidades de formación sino también de generar una conciencia y motivación para aprender. Requiere de un estudiante que tome parte activa en el aprendizaje, que sepa aprender en multiplicidad de entornos, que sepa personalizar el aprendizaje y que construya en base a las necesidades específicas. Educar ya no es empaquetar los contenidos del aprendizaje y ponerlos al alcance de los alumnos sino capacitarles para la experiencia del aprendizaje.

Por otro lado hay una tendencia creciente hacia la desinstitucionalización y comercialización de la educación. La identificación del “e-learning” o aprendizaje a través de Internet como un área propicia para el desarrollo del mercado está atrayendo nuevos inversores. Cada vez más se considera el mercado educación-entretenimiento como un sector prometedor. Nuevas iniciativas educativas dirigidas van apareciendo de la mano de museos, biblioteca y otras instituciones no propiamente educativas. Finalmente el mercado se llena de nuevos centros de enseñanza y portales educativos con iniciativas de formación continuada. La educación está adquiriendo un puesto de gran importancia en el desarrollo y consolidación de la nueva sociedad.

4. TIC y educación

El sistema educativo no puede quedar al margen de los nuevos cambios. Debe atender a la formación de los nuevos ciudadanos y la incorporación de las nuevas tecnologías ha de hacerse con la perspectiva de favorecer los aprendizajes y facilitar los medios que sustenten el desarrollo de los conocimientos y de las competencias necesarias para la inserción social y profesional de cualidad. Debe también evitar que la brecha digital genere capas de marginación como resultado de la analfabetización digital.

El saber está omnipresente en la sociedad actual, sin embargo la educación no puede sucumbir a este abuso. No debe confundirse saber e información. Las nuevas tecnologías dan acceso a una gran cantidad de información, que no ha de confundirse con el saber. Para que la información devenga en conocimientos el individuo debe apropiarsela y reconstruir sus conocimientos. Por esta razón lo primero que debe hacerse explícito es que la incorporación de las nuevas tecnologías en la educación no han de eludir la noción de esfuerzo. Los nuevos recursos informáticos pueden contribuir al desarrollo de las capacidades cognitivas de los ciudadanos, pero nunca en ausencia del esfuerzo personal.

Las tecnologías constituyen un medio como jamás haya existido que ofrece un acceso instantáneo a la información. A cada uno le toca enriquecer y construir su saber a partir de esa información y a la educación proporcionar las bases para que esto se produzca. Para que estas tecnologías estén verdaderamente al servicio de la enseñanza y del aprendizaje y contribuyan a la formación de los ciudadanos y los trabajadores que necesita esta sociedad, tal penetración tecnológica debe estar acompañada de una evolución pedagógica. Las nuevas tecnologías exigen un cambio de rol en el profesor y en el alumno. El profesor no puede seguir ejerciendo sus funciones tradicionales discursivas a la hora de instruir al alumno.

Las tecnologías de la información y de la comunicación han sido incorporada al proceso educativodesde hace unos años. Aún no existen estudios concluyentes que permitan afirmar que la utilización de los medios informáticos en la educación ha servido para mejorar los resultados académicos, sin embargo a menudo se refieren a las transformaciones obtenidas en el modo de hacer. Se ha observado que las tecnologías de la información suscitan la colaboración en los alumnos, les ayuda a centrarse en los aprendizajes, mejoran la motivación y el interés, favorecen el espíritu de búsqueda, promueven la integración y estimulan el desarrollo de ciertas habilidades intelectuales tales como el razonamiento, la resolución de problemas, la creatividad y la capacidad de aprender a aprender. Para los profesores las tecnologías informáticas han servido hasta ahora para facilitar la búsqueda de material didáctico, contribuir a la colaboración con otros enseñantes e incitar a la planificación de las actividades de aprendizaje de acuerdo con las características de la tecnología utilizada.

Estas transformaciones observadas en los procesos de enseñanza y aprendizaje se sitúan en la línea de las teorías constructivistas que preconizan estrategias de aprendizaje que hagan de los alumnos elementos activos y dinámicos en la construcción del saber.

Las barreras del espacio y del tiempo en la relación profesor-alumno y alumno-escuela también se están viendo afectadas. La omnipresencia de la información libera la elección de los tiempos y espacios para el aprendizaje. Aunque una parte de la población escolar no tiene las facultades necesarias para ejercer esta elección, sin embargo es una característica que beneficia el desarrollo de formas de aprendizaje en la educación a distancia, la educación de adultos y en las aulas hospitalarias o asistencia a enfermos.

5. Uso de las TIC en educación

Las nuevas tecnologías pueden emplearse en el sistema educativo de tres maneras distintas: como objeto de aprendizaje, como medio para aprender y como apoyo al aprendizaje.

En el estado actual de cosas es normal considerar las nuevas tecnologías como objeto de aprendizaje en si mismo. Permite que los alumnos se familiaricen con el ordenador y adquieran las competencias necesarias para hacer del mismo un instrumento útil a lo largo de los estudios, en el mundo del trabajo o en la formación continua cuando sean adultos.

Se consideran que las tecnologías son utilizadas como un medio de aprendizaje cuando es una herramienta al servicio de la formación a distancia, no presencial y del autoaprendizaje o son ejercicios de repetición, cursos en línea a través de Internet, de videoconferencia, cederoms, programas de simulación o de ejercicios, etc. Este procedimiento se enmarca dentro de la enseñanza tradicional como complemento o enriquecimiento de los contenidos presentados.

Pero donde las nuevas tecnologías encuentran su verdadero sitio en la enseñanza es como apoyo al aprendizaje. Las tecnologías así entendidas se hayan pedagógicamente integradas en el proceso de aprendizaje, tienen su sitio en el aula, responden a unas necesidades de formación más proactivas y son empleadas de forma cotidiana. La integración pedagógica de las tecnologías difiere de la formación en las tecnologías y se enmarca en una perspectiva de formación continua y de evolución personal y profesional como un “saber aprender

La búsqueda y el tratamiento de la información inherente a estos objetivos de formación constituyen la piedra angular de tales estrategias y representan actualmente uno de los componentes de base para una utilización eficaz y clara de Internet ya sea en el medio escolar como en la vida privada. Para cada uno de estos elementos mencionados, las nuevas tecnologías, sobre todos las situadas en red, constituyen una fuente que permite variar las formas de hacer para atender a los resultados deseados. Entre los instrumentos más utilizados en el contexto escolar destacamos: tratamiento de textos, hojas de calculo, bases de datos o de información, programas didácticos, de simulación y de ejercicios, cdroms, presentaciones electrónicas, editores de páginas html, programas de autoría, foros de debate, la cámara digital, la videoconferencia, etc. Entre las actividades a desarrollar mencionamos: correspondencia escolar, búsqueda de documentación, producción de un periódico de clase o de centro, realización de proyectos como web-quest u otros, intercambios con clases de otras ciudades o países, etc.

Podrán utilizarse las nuevas tecnologías, pero se seguirá inmerso en la pedagogía tradicional si no se ha variado la postura de que el profesor tiene la respuesta y se pide al alumno que la reproduzca. En una sociedad en la que la información ocupa un lugar tan importante es preciso cambiar de pedagogía y considerar que el alumno inteligente es el que sabe hacer preguntas y es capaz de decir cómo se responde a esas cuestiones. La integración de las tecnologías así entendidas sabe pasar de estrategias de enseñanza a estrategias de aprendizaje.

EL APEGO por ALFREDO OLIVA DELGADO

Estado actual de la teoría del apego
Alfredo OLIVA DELGADO
Universidad de Sevilla

Resumen
La teoría formulada por John Bowlby y Mary Ainsworth sobre el apego o vínculo afectivo que se establece entre madre e hijo constituye uno de los planteamientos teóricos más sólidos en el campo del desarrollo socio-emocional. Lejos de verse debilitada con el paso del tiempo, dicha teoría se ha visto afianzada y enriquecida por una gran cantidad de investigaciones realizadas en los últimos años que la han convertido en una de las principales áreas de investigación evolutiva.

En el presente artículo se presentan, partiendo de los planteamientos iniciales, las aportaciones más recientes en este campo, tales como la transmisión intergeneracional de la seguridad en el apego, las diferencias entre el tipo de apego establecido con el padre y con la madre, el apego múltiple a más de una figura, las relaciones entre la seguridad en el apego y los cuidados alternativos (day-care), las relaciones entre temperamento y apego, y la validez cultural de la teoría del apego.

Palabras clave: Apego, procedimiento de la "Situación del Extraño", modelo representacional, validez transcultural
Key words: Attachment, "Strange Situation" procedure, internal working model, cross-cultural validity

Antecedentes históricos
La teoría del apego constituye una de las construcciones teóricas más solidas dentro del campo del desarrollo socioemocional. Desde sus planteamientos iniciales, a finales de los 50, esta teoría ha experimentado importantes modificaciones y ha ido recogiendo las críticas y las aportaciones de distintos investigadores que, lejos de debilitarla, la han dotado de un vigor y una solidez considerable.
El surgimiento de la teoría del apego puede considerarse sin ninguna duda uno de los hitos fundamentales de la psicología contemporánea. Alejándose de los planteamientos teóricos psicoanalíticos, que habían considerado que el estrecho vínculo afectivo que se establecía entre el bebé y su madre era un amor interesado que surgía a partir de las experiencias de alimentación con la madre, John Bowlby (1907-1991) supo elaborar una elegante teoría en el marco de la etología. No obstante, a pesar de mostrar una indudable orientación etológica al considerar el apego entre madre e hijo como una conducta instintiva con un claro valor adaptativo, su concepción de la conducta instintiva iba más allá de las explicaciones que habían ofrecido etólogos como Lorenz, con un modelo energético-hidraúlico muy en consonancia con los antiguos postulados de la física mecánica. Basándose en la teoría de los sistemas de control, Bolwlby (1969) planteó que la conducta instintiva no es una pauta fija de comportamiento que se reproduce siempre de la misma forma ante una determinada estimulación, sino un plan programado con corrección de objetivos en función de la retroalimentación, que se adapta, modificándose, a las condiciones ambientales.

El modelo de Bolwby
El modelo propuesto por Bolwby se basaba en la existencia de cuatro sistemas de conductas relacionados entre sí: el sistema de conductas de apego, el sistema de exploración, el sistema de miedo a los extraños y el sistema afiliativo. El sistema de conductas de apego se refiere a todas aquellas conductas que están al servicio del mantenimiento de la proximidad y el contacto con las figuras de apego (sonrisas, lloros, contactos táctiles, etc.). Se trata de conductas que se activan cuando aumenta la distancia con la figura de apego o cuando se perciben señales de amenazas, poniéndose en marcha para restablecer la proximidad. El sistema de exploración está en estrecha relación con el anterior, ya que muestra una cierta incompatibilidad con él: cuando se activan las conductas de apego disminuye la exploración del entorno. El sistema de miedo a los extraños muestra también su relación con los anteriores, ya que su aparición supone la disminución de las conductas exploratorias y el aumento de las conductas de apego. Por último, y en cierta contradicción con el miedo a los extraños, el sistema afiliativo se refiere al interés que muestran los individuos, no sólo de la especie humana, por mantener proximidad e interactuar con otros sujetos, incluso con aquellos con quienes no se han establecido vínculos afectivos.
Por lo tanto, lejos de encontrarnos ante una simple conducta instintiva que aparece siempre de forma semejante ante la presencia de un determinado estímulo o señal, el apego hace referencia a una serie de conductas diversas, cuya activación y desactivación, así como la intensidad y morfología de sus manifestaciones, va a depender de diversos factores contextuales e individuales.

Tipos de apego.
Durante los años sesenta, Schaffer y Emerson (1964) realizaron en Escocia una serie de observaciones sobre sesenta bebés y sus familias durante los dos primeros años de vida. Este estudio puso de manifiesto que el tipo de vínculo que los niños establecían con sus padres dependía fundamentalmente de la sensibilidad y capacidad de respuesta del adulto con respecto a las necesidades del bebé. Mary Ainsworth, en el análisis de los datos que había recogido en sus observaciones de los Ganda en Uganda, encontró una información muy rica para el estudio de las diferencias en la calidad de la interacción madre-hijo y su influencia sobre la formación del apego. Estos datos también revelaron la importancia de la sensibilidad de la madre a las peticiones del niño. Ainsworth encontró tres patrones principales de apego: niños de apego seguro que lloraban poco y se mostraban contentos cuando exploraban en presencia de la madre; niños de apego inseguro, que lloraban frecuentemente, incluso cuando estaban en brazos de sus madres; y niños que parecían no mostrar apego ni conductas diferenciales hacia sus madres. Otro trabajo realizado posteriormente en Baltimore (Bell y Ainsworth, 1972) confirmó estos datos.
Ainsworth diseñó una situación experimental, la Situación del Extraño (Ainsworth y Bell, 1970), para examinar el equilibrio entre las conductas de apego y de exploración, bajo condiciones de alto estrés. La Situación del Extraño es una situación de laboratorio de unos veinte minutos de duración con ocho episodios. La madre y el niño son introducidos en una sala de juego en la que se incorpora una desconocida. Mientras esta persona juega con el niño, la madre sale de la habitación dejando al niño con la persona extraña. La madre regresa y vuelve a salir, esta vez con la desconocida, dejando al niño completamente solo. Finalmente regresan la madre y la extraña. Como esperaba, Ainsworth encontró que los niños exploraban y jugaban más en presencia de su madre, y que esta conducta disminuía cuando entraba la desconocida y, sobre todo, cuando salía la madre. A partir, de estos datos, quedaba claro que el niño utiliza a la madre como una base segura para la exploración, y que la percepción de cualquier amenaza activaba las conductas de apego y hacía desaparecer las conductas exploratorias.
Ainsworth encontró claras diferencias individuales en el comportamiento de los niños en esta situación. Estas diferencias le permitieron describir tres patrones conductuales que eran representativos de los distintos tipos de apego establecidos:
1. Niños de apego seguro (B). Inmediatamente después de entrar en la sala de juego, estos niños usaban a su madre como una base a partir de la que comenzaban a explorar. Cuando la madre salía de la habitación, su conducta exploratoria disminuía y se mostraban claramente afectados. Su regreso les alegraba claramente y se acercaban a ella buscando el contacto físico durante unos instantes para luego continuar su conducta exploratoria.
Cuando Ainsworth examinó las observaciones que había realizado en los hogares de estos niños, encontró que sus madres habían sido calificadas como muy sensibles y responsivas a las llamadas del bebé, mostrándose disponibles cuando sus hijos las necesitaban. En cuanto a los niños, lloraban poco en casa y usaban a su madre como una base segura para explorar.
Ainsworth creía que estos niños mostraban un patrón saludable en sus conductas de apego. La responsividad diaria de sus madres les había dado confianza en ellas como protección, por lo que su simple presencia en la Situación del Extraño les animaba a explorar los alrededores. Al mismo tiempo, sus respuestas a su partida y regreso revelaban la fuerte necesidad que tenían de su proximidad. Este modelo ha sido encontrado en un 65-70% de los niños observados en distintas investigaciones realizadas en EE.UU.
2. Niños de apego inseguro-evitativo (A). Se trataba de niños que se mostraban bastante independientes en la Situación del Extraño. Desde el primer momento comenzaban a explorar e inspeccionar los juguetes, aunque sin utilizar a su madre como base segura, ya que no la miraban para comprobar su presencia, sino que la ignoraban. Cuando la madre abandonaba la habitación no parecían verse afectados y tampoco buscaban acercarse y contactar físicamente con ella a su regreso. Incluso si su madre buscaba el contacto, ellos rechazaban el acercamiento.
Debido a su conducta independiente en la Situación del Extraño en principio su conducta podría interpretarse como saludable. Sin embargo, Ainsworth intuyó que se trataba de niños con dificultades emocionales; su desapego era semejante al mostrado por los niños que habían experimentado separaciones dolorosas.
Las observaciones en el hogar apoyaban esta interpretación, ya que las madres de estos niños se habían mostrado relativamente insensibles a las peticiones del niño y rechazantes. Los niños se mostraban inseguros, y en algunos casos muy preocupados por la proximidad de la madre, llorando intensamente cuando abandonaba la habitación.

La interpretación global de Ainsworth era que cuando estos niños entraban en la Situación del Extraño comprendían que no podían contar con el apoyo de su madre y reaccionaban de forma defensiva, adoptando una postura de indiferencia. Habiendo sufrido muchos rechazos en el pasado, intentaban negar la necesidad que tenían de su madre para evitar frustraciones. Así, cuando la madre regresaba a la habitación, ellos renunciaban a mirarla, negando cualquier tipo de sentimientos hacia ella. Estos niños suponen el 20% del total de niños estudiados en EE.UU.
3. Niños de apego inseguro-ambivalente (C). Estos niños se mostraban tan preocupados por el paradero de sus madres que apenas exploraban en la Situación del Extraño. Pasaban un mal rato cuando ésta salía de la habitación, y ante su regreso se mostraban ambivalentes. Estos niños vacilaban entre la irritación, la resistencia al contacto, el acercamiento y las conductas de mantenimiento de contacto.
En el hogar, las madres de estos niños habían procedido de forma inconsistente, se habían mostrado sensibles y cálidas en algunas ocasiones y frías e insensibles en otras. Estas pautas de comportamiento habían llevado al niño a la inseguridad sobre la disponibilidad de su madre cuando la necesitasen. El porcentaje que los estudios realizados en EE.UU. encuentran de este tipo de apego ronda el 10%. Sin embargo, en estudios realizados en Israel y Japón se encuentran porcentajes más altos.
Además de los datos de Ainsworth, diversos estudios realizados en distintas culturas han encontrado relación entre el apego inseguro-ambivalente y la escasa disponibilidad de la madre. Frente a las madres de los niños de apego seguro que se muestran disponibles y responsivas, y las de apego inseguro-evitativo que se muestran rechazantes, el rasgo que mejor define a estas madres es el no estar siempre disponibles para atender las llamadas del niño. Son poco sensibles y atienden menos al niño, iniciando menos interacciones. Sin embargo, el hecho de que en algunos estudios (Isabella, 1993; Stevenson-Hinde y Shouldice, 1995) se haya encontrado que en algunas circunstancias estas madres se muestran responsivas y sensibles, podría indicar que son capaces de interactuar positivamente con el niño cuando se encuentran de buen humor y poco estresadas.
Un aspecto muy destacado del comportamiento de estas madres tiene que ver con su actitud ante la conducta exploratoria del niño, ya que los estudios que han considerado este aspecto han hallado que tienden a intervenir cuando el niño explora, interfiriendo con esta conducta. Este aspecto, unido al anterior, aumenta la dependencia y falta de autonomía del niño, y sirve para explicar la percepción que el niño puede llegar a tener sobre el comportamiento contradictorio de la madre.
Algunos autores (Cassidy y Berlin, 1994) consideran el comportamiento de estas madres como fruto de una estrategia, no necesariamente consciente, dirigida a aumentar la dependencia del niño, asegurando su cercanía y utilizándole como figura de apego. Así, la no responsividad materna puede verse como una estrategia para aumentar la petición de atención del niño. Al igual que la inmadurez del niño aumenta la conducta de cuidados de la madre, la incompetencia de la madre aumenta la atención del niño a la madre, en una reversibilidad de roles.
En cuanto al comportamiento del niño, puede explicarse como una respuesta a un padre o una madre mínima o inestablemente disponible; el niño puede desarrollar una estrategia para conseguir su atención: exhibir mucha dependencia. Esta estrategia consistente en acentuar la inmadurez y la dependencia puede resultar adaptativa a nivel biológico, ya que sirve para mantener la proximidad de la figura de apego. No obstante, a nivel psicológico no resulta tan adaptativa, ya que impide al niño desarrollar sus tareas evolutivas. Esta misma estrategia de acentuación de la inmadurez se observa en otras situaciones, por ejemplo, ante el nacimiento de un hermanito.
Los tres tipos de apego descritos por Ainsworth han sido los considerados en la mayoría de las investigaciones sobre apego. Sin embargo, más recientemente se ha propuesto la existencia de un cuarto tipo denominado inseguro desorganizado/desorientado (D) que recoge muchas de las características de los dos grupos de apego inseguro ya descritos, y que incialmente eran considerados como inclasificables (Main y Solomon, 1986). Se trata de los niños que muestran la mayor inseguridad. Cuando se reúnen con su madre tras la separación, estos niños muestran una variedad de conductas confusas y contradictorias. Por ejemplo, pueden mirar hacia otro lado mientras son sostenidos por la madre, o se aproximan a ella con una expresión monótona y triste. La mayoría de ellos comunican su desorientación con una expresión de ofuscación. Algunos lloran de forma inesperada tras mostrarse tranquilos o adoptan posturas rígidas y extrañas o movimientos estereotipados.

El modelo representacional de la relación de apego
Para Bowlby (1980), el modelo interno activo o modelo representacional (internal working model) es una representación mental de sí mismo y de las relaciones con los otros. Este modelo se va a construir a partir de las relaciones con las figuras de apego y va a servir al sujeto para percibir e interpretar las acciones e intenciones de los demás y para dirigir su conducta. Un aspecto clave de estos modelos, que incluyen componentes afectivos y cognitivos, es la noción de quiénes son las figuras de apego, dónde han de encontrarse y qué se espera de ellas. También incluyen información sobre uno mismo; por ejemplo, si se es una persona valorada y capaz de ser querida por las figuras de apego. En este sentido constituyen la base de la propia identidad y de la autoestima.
El hecho de que estos modelos deriven de las experiencias de interacción con los cuidadores supone que distintas experiencias llevarán a distintas representaciones mentales. Desde este punto de vista sería posible la existencia de infinitos modelos, no obstante, estos autores consideran que el aspecto determinante de la relación con el cuidador es su reacción ante los intentos del niño de buscar su proximidad. Las posibles respuestas del cuidador pueden clasificarse en tres tipos: mostrarse sensible a las llamadas del niño y permitir su acceso, que llevaría a un modelo de apego seguro; mostrarse insensible e impedir el acceso del niño que supondría un modelo de apego inseguro evitativo; y atender y permitir el acceso del niño de forma imprevisible, sólo en algunas ocasiones, lo que generaría un modelo inseguro-ambivalente. Los modelos representacionales pueden construirse también en ausencia de interacción con la figura de apego, ya que si el niño llora y pide la proximidad del adulto y éste no está presente, lo importante será la falta de respuesta del cuidador.
El modelo representacional va a tener una profunda influencia sobre las relaciones sociales del sujeto. Si una persona, durante su infancia, tuvo un apego seguro con sus padres u otras personas significativas que se mostraron sensibles, responsivos y consistentes, en su vida posterior tendrá una actitud básica de confianza en las personas con las que establezca sus relaciones. Por el contrario, si un sujeto ha tenido experiencias negativas con sus figuras de apego, tenderá a no esperar nada positivo, estable o gratificante de las relaciones que pueda establecer en su vida adulta. Como siempre, esperará rechazos o falta de respuesta empática.
Algunos autores (Feeney y Noller, 1990) han comprobado la importancia del apego para el establecimiento de relaciones amorosas en la vida adulta. Según los estudios realizados por estos autores, aquellos sujetos que tienen una mejor historia de apego es más probable que tengan relaciones amorosas más satisfactorias y estables y confíen más en la pareja. Esta influencia es justificable, ya que es en la relación con la figura de apego cuando se aprende a tocar y ser tocados, mirar y ser mirados, etc. Es decir, se aprende a comunicar de manera íntima y lúdica, algo que será esencial en las relaciones sexual-amorosas (López, 1993).
George, Kaplan y Main (1985) diseñaron un cuestionario, el Adult Attachment Inventory (AAI), que sirve para evaluar el modelo interno activo de los personas adultas. En este cuestionario se pregunta al sujeto por el recuerdo de las experiencias de apego durante su infancia así como por la valoración de estas experiencias. No se trata de evaluar las experiencias objetivas del sujeto sino la interpretación y elaboración que hace de las mismas. A través de este procedimiento se obtienen tres tipos distintos de modelos internos activos:
1. Padres seguros o autónomos que muestran coherencia y equilibrio en su valoración de las experiencias infantiles, tanto si son positivas como si son negativas. Ni idealizan a sus padres ni recuerdan el pasado con ira. Sus explicaciones son coherentes y creíbles. Estos modelos se corresponderían con el tipo de apego seguro encontrado en niños. Estos padres suelen mostrarse sensibles y afectuosos en sus relaciones con sus hijos, que suelen ser clasificados como seguros en la Situación del Extraño.
2. Padres preocupados. Muestran mucha emoción al recordar sus experiencias infantiles, expresando frecuentemente ira hacia sus padres. Parecen agobiados y confundidos acerca de la relación con sus padres, mostrando muchas incoherencias y siendo incapaces de ofrecer una imagen consistente y sin contradicciones. Estos padres se muestran preocupados por su competencia social. En su relación con sus hijos muestran unas interacciones confusas y caóticas, son poco responsivos e interfieren frecuentemente con la conducta exploratoria del niño. No es extraño que sus hijos suelan ser considerados como inseguros-ambivalentes.
3. Padres rechazados. Estos padres quitan importancia a sus relaciones infantiles de apego y tienden a idealizar a sus padres, sin ser capaces de recordar experiencias concretas. Lo poco que recuerdan lo hacen de una forma muy fría e intelectual, con poca emoción. El comportamiento de estos padres con sus hijos, que son generalmente considerados como inseguros-evitativos, suele ser frío y, a veces, rechazante.
Algunos estudios encuentran una cuarta categoría: padres no resueltos, que serían el equivalente del apego inseguro desorganizado/desorientado. Se trata de sujetos que presentan características de los tres grupos anteriores y que muestran lapsus significativos y desorientación y confusión en sus procesos de razonamiento a la hora de interpretar distintas experiencias de pérdidas y traumas (Main y Hesse, 1990).

La transmisión intergeneracional de la seguridad en el apego
El hecho de que los padres seguros tengan hijos con apego seguro, los padres preocupados niños con apego inseguro-ambivalente, y los padres rechazados niños de apego inseguro-evitativo, ha sido constatado en distintas investigaciones (Benoit y Parker, 1994; Fonagy, Steele y Steele, 1991) que han encontrado que la capacidad predictiva que las representaciones maternas tienen sobre el tipo de apego que establecen sus hijos ronda el 80%. Estos datos ponen de relieve la transmisión intergeneracional del tipo de apego entre padres e hijos, que tendría lugar a través de los modelos internos activos construidos durante la infancia y reelaborados posteriormente. Este aspecto es muy importante, ya que como señala Bretherton (1985) lo importante no es el tipo de relación que el adulto sostuvo durante su infancia con las figuras de apego, sino la posterior elaboración e interpretación de estas experiencias, que es lo que en realidad evalúa el Adult Attachment Inventory. En este sentido, Bretherton destaca el papel del proceso de contraidentificación, por el que el sujeto se resiste a identificarse con el modelo que ha interiorizado de la figura paterna.
En algunos casos (Benoit y Parker, 1994), la transmisión se ha detectado a lo largo de tres generaciones. Esta transmisión parece más clara en el caso de las madres que en el de los padres, probablemente porque los padres suelen pasar menos tiempo interactuando con sus hijos y no suelen representar la figura principal de apego (van Ijzendoorn, 1990).
El hecho de que la transmisión generacional sea bastante frecuente no debe llevarnos a pensar que se trata de un hecho inevitable. Aunque los modelos representacionales del tipo de apego parecen mostrar bastante estabilidad, ciertos acontecimientos pueden provocar su cambio. Por ejemplo, el establecimiento de una relación de pareja satisfactoria, o la experiencia de la maternidad, podrían llevar a una reelaboración de este modelo. En este sentido, nos gustaría resaltar algunos datos procedentes de la investigación sobre la transmisión de padres a hijos del maltrato infantil que indican la capacidad que determinadas experiencias, como el establecimiento de una relación de pareja satisfactoria, tienen para romper este ciclo de maltrato en madres que fueron maltratadas cuando pequeñas (Egeland, Jacobvitz y Sroufe, 1988).

Distintas figuras de apego: apego múltiple
Aunque Bowlby (1969) admitió que el niño puede llegar a establecer vínculos afectivos con distintas personas, pensaba que los niños estaban predispuestos a vincularse especialmente con una figura principal, y que el apego con esta figura sería diferente cualitativamente del establecido con otras figuras secundarias. Esta monotropía o monotropismo le llevó a considerar que la situación más favorable para el niño era la de establecer un vínculo afectivo principal con la madre, por lo que las situaciones en las que los niños eran criados y atendidos por varias personas no eran las más convenientes. Esta primera postura no fue sostenida por Bowlby en escritos posteriores que incluso afirmó haber sido malinterpretado (Bowlby, 1980).
No resulta extraño que Bowlby planteará la existencia de la monotropía, ya que la tradición psiconalítica en la que se había formado daba una importancia muy especial a la relación con la madre. Además, las observaciones de los etólogos parecían confirmarlo.
No parece que existan datos empíricos en favor de esta teoría. Kotelchuck (1976) diseñó una situación de laboratorio similar a la Situación del Extraño, pero en la que dos adultos participaban con el niño. Sus datos parecían apoyar la tesis del monotropismo, ya que el niño solía dirigir más conductas de apego y exploratorias hacia sus madres que hacia sus padres. Sin embargo, cuando este procedimiento se ha utilizado con otros grupos culturales en los que hay una mayor implicación paterna en tareas de crianza, estas preferencias desaparecen (Jackson, 1993).
Aunque cuando un niño se encuentra triste o enfermo suele buscar consuelo en la madre, en muchas otras situaciones puede preferir la compañía del padre o de otras figuras de apego. Los padres varones son figuras muy importantes en la vida del bebé, y desde el principio empiezan a construir una relación estrecha con sus hijos. Algunas observaciones realizadas en el mismo momento del nacimiento han detectado que los padres responden de la misma forma que las madres a las llamadas del bebé, mostrándose igual de sensibles y responsivos. No obstante, cuando el niño tiene algunos meses sí se aprecian diferencias entre ambos padres, con una mayor responsividad en las madres. Esta mayor sensibilidad parece ser fruto del mayor tiempo que en la mayoría de las culturas las madres pasan con sus hijos (Lamb, 1987; Roopnerine, Talukder, Jain, Joshi y Srivastave, 1990). Además, el tiempo que madre y padre pasan con sus hijos suelen dedicarlo a tareas bien distintas. Así, las madres dedican más tiempo a cuidados físicos y a manifestarle cariño, mientras que los padres se implican más en actividades de interacción lúdica. Incluso padre y madre suelen jugar con el niño de forma diferente. Ellas tienden a proporcionarle juguetes, hablarle más e iniciar juegos convencionales como el "cu-cu-trás", y ellos a participar en juegos físicos de más actividad. No es extraño que los niños prefieran ser consolados por sus madres y jugar con sus padres.
Sin embargo, este panorama de la madre cuidadora y el padre compañero de juegos está cambiando en muchas familias como resultado del cambio de papeles tradicionales. Así, las madres que trabajan fuera de casa tienden a implicarse más en la interacción lúdica con sus hijos que las madres no trabajadoras, mientras que sus esposos participan más en tareas de cuidados, aunque retienen su rol de compañeros de juegos (Cox, Owen, Henderson, y Margand, 1992).
En cuanto a la relación con los hermanos, como señala Ainsworth (1989), hay pocos estudios sobre la relación de apego entre hermanos, aunque numerosas observaciones infantiles confirman que normalmente se crean entre ellos verdaderas relaciones de apego. Es frecuente que los hermanos mayores ofrezcan a los pequeños cuidados similares a los de la madre. O que los hermanos, en situaciones de ambiente desconocido o en momentos de aflicción, se usen unos a otros como base de seguridad o consuelo. Incluso la ansiedad ante las separaciones de las figuras de apego disminuye ante la presencia de un hermano. Existen muchas razones para que se creen estos vínculos entre hermanos, ya que viven en una presencia casi continua, comparten numerosas experiencias emocionales y son educados para que se quieran y apoyen.
Parece incuestionable que los niños son capaces de establecer vínculos de apego con distintas figuras, siempre que éstas se muestren sensibles y cariñosas con el bebé. Además, la existencia de varias figuras de apego puede resultar muy conveniente para el niño, facilitando la elaboración de los celos, el aprendizaje por imitación, la estimulación rica y variada. Incluso es una garantía para los casos de accidente, enfermedad o muerte de alguna de las figuras de apego (López, 1990).

Apego hacia el padre-apego hacia la madre
En cuanto a la concordancia entre el tipo de apego que el niño establece con distintas figuras, los datos más completos proceden de un meta-análisis realizado por Fox, Kimmerly y Schafer (1991) sobre 11 investigaciones que han evaluado el tipo de apego mostrado por el niño hacia el padre y hacia la madre mediante la utilización de la Situación del Extraño. Los resultados de este meta-análisis son bastante concluyentes y contradicen hallazgos anteriores (ver Bretherton, 1985), ya que indican que hay una clara concordancia entre el tipo de apego que el niño establece con ambos progenitores. Cuando el niño muestra un tipo de apego seguro en la Situación del Extraño con la madre, es muy probable que también sea clasificado como de apego seguro cuando es el padre quien acompaña al niño en esta situación. También hay una clara similitud en cuanto al tipo concreto de apego inseguro mostrado hacia ambos padres.
Una posible explicación de esta concordancia es que la Situación del Extraño evalúa el modelo interno activo que el niño ha elaborado a partir de su interacción con la madre o con la figura principal de apego. Este modelo sería generalizado a otras figuras, por lo que es razonable esperar una alta concordancia entre el tipo de apego manifestado por el niño hacia distintas personas. Esta hipótesis contradice en cierto sentido la tesis de que el comportamiento del niño en la Situación del Extraño muestra la relación entre el niño y la persona que participa en la situación, y no sólo el modelo interno que el niño ha formado con la principal figura de apego.
Si esta hipótesis sobre la generalización del modelo interno construido con la madre fuera cierta, cabría esperar que existiese también concordancia con el tipo de apego establecido con otras figuras además del padre. Aunque los datos disponibles proceden de escasos estudios realizados sobre muestras pequeñas, parecen indicar una escasa concordancia entre apego a la figura principal y apego a otras figuras ajenas a la familia, como maestros o cuidadores (Fox et al, 1991).
Una segunda explicación, acorde con todos estos datos, es que cabe esperar mucha semejanza en los estilos interactivos que padre y madre sostienen con el niño. Los padres pueden tener valores e ideas semejantes en cuanto a aspectos tan relevantes para la formación del apego como la responsividad y sensibilidad hacia las peticiones del niño. Además, es indudable que un padre puede servir de modelo de conducta para el otro padre, que tenderá a actuar de forma semejante. Según esta tesis, la similitud entre el tipo de apego establecido con ambos padres reflejaría el hecho de que madres y padres responden de forma parecida al niño y comparten ideas sobre las pautas de crianza. Por lo tanto, estilos similares de interacción llevarían a tipos de apego también similares. Sin embargo, el apoyo empírico a esta explicación no es grande, ya que diversos estudios han encontrado diferencias entre ideas y pautas interactivas de padres y madres (Parke y Sawin, 1980; Belsky, Gilstrap y Rovine, 1984).
Una tercera, y última, hipótesis se refiere a la influencia que las características temperamentales del niño pueden tener sobre el establecimiento del tipo de apego (Kagan, 1982). Así, si el temperamento resulta determinante, cabría esperar que el niño estableciese tipos de apego semejantes hacia distintas figuras. Desarrollaremos más extensamente esta hipótesis en el siguiente apartado, aunque podemos adelantar que no recibe un apoyo demasiado importante.
¿Cuál de la tres explicaciones es la correcta? Probablemente ninguna de ellas, aunque todas tengan algo de razón. Tal vez, el comportamiento del niño en la Situación del Extraño con distintas personas refleje hasta cierto punto el modelo interno construido en su interacción con la figura principal. Pero, también es posible que exista cierta semejanza entre los patrones interactivos que ambos padres tienen hacia el niño. Igualmente, cabe esperar que el temperamento, o cualquiera otra característica del bebé, influya sobre las reacciones de los adultos hacia las peticiones del niño.

Temperamento y apego
Habida cuenta que el apego es el resultado de una relación que se establece entre los dos miembros de una díada, las características del niño pueden influir en la seguridad del apego que se ha establecido. Hay evidencia de que algunas características como el bajo peso al nacer, ser prematuro, y ciertas enfermedades del recién nacido, exigen más cuidados de los padres, y en familias de riesgo pueden llevar a un tipo de apego inseguro.
Desde este punto de vista, es razonable pensar que el temperamento del niño puede influir en el tipo de apego que llegue a establecer. La existencia de esta relación ha suscitado un acalorado debate en los últimos años, sin que se haya llegado a un acuerdo absoluto.
Una primera postura con respecto a esta cuestión es la de considerar que algunas características temperamentales del niño pueden afectar a su comportamiento y sus reacciones en la Situación del Extraño, y por lo tanto a su clasificación en un tipo de apego. Por ejemplo, un niño irritable es probable que experimente más malestar ante la separación, y que busque más contacto cuando vuelva la madre, aunque sin llegar a calmarse. Esta reacción sería independiente de las características de responsividad y sensibilidad de su madre. Este niño tendrá más posibilidades de ser considerado de apego inseguro-ambivalente. Sin embargo, los datos disponibles indican, como señalan Belsky y Rovine (1987), que el temperamento del niño parece influir sobre el comportamiento del niño en la Situación del Extraño, pero sin afectar a aspectos que tienen que ver con la clasificación que recibe el niño. En concreto, lo que se ve afectado es la expresión emocional de la seguridad o inseguridad del niño en esta situación.
Entre los argumentos expuestos por quienes consideran que temperamento y apego son factores independientes, hay que destacar la alusión a las diferencias entre los tipos de apego que el niño establece con distintas figuras como padre y madre, padres y cuidador, etc. Los datos no son del todo concluyentes, ya que, como hemos apuntado más arriba, en la mayoría de los casos existe concordancia entre el tipo de apego establecido con el padre y con la madre. Sin embargo, ello no quiere decir que sea debido a la influencia de las características temperamentales del niño sobre las interacciones que los adultos sostienen con él y que determinan la seguridad del apego establecido, ya que, como ya hemos indicado, esta concordancia puede deberse a que los padres compartan valores e ideas en cuanto a aspectos tan relevantes para la formación del apego como la responsividad y sensibilidad hacia las peticiones del niño. En cuanto a la concordancia entre apego a padres y a otros cuidadores, los datos son muy escasos como para poder sacar conclusiones sólidas.
A nuestro juicio, la mejor hipótesis sobre las relaciones entre temperamento y apego es la que plantea el modelo de bondad de ajuste (Thomas y Chess, 1977), referida a la interacción entre las características temperamentales del niño y las características de los padres. Es decir, ciertos rasgos del niño pueden influir en el tipo de interacción adulto-niño y, por tanto, en la seguridad del apego, pero en función de la personalidad y circunstancias del adulto. Por ejemplo, la irritabilidad en el niño puede suscitar respuestas completamente diferentes en dos personas de distintas características de personalidad, o con distinto apoyo social, etc. Los hallazgos de un estudio realizado por Mangerlsdorf, Gunnar, Kestenbaum, Lang y Andreas (1990) apuntan en esta dirección. Era más probable que un niño estableciese un apego inseguro con su madre cuando éste tenía un temperamento difícil y, además, su madre mostraba una alta compulsión. Crockenberg (1981) fue capaz de predecir la inseguridad en el apego a los doce meses a partir de la irritabilidad del recién nacido, pero sólo para bebés cuyas madres eran poco responsivas al llanto de su hijo cuando éste tenía tres meses, y que además carecían de apoyo social. Es decir, aunque el temperamento difícil del niño no lleva directamente a la formación de un vínculo afectivo inseguro, sí limita las posibilidades de que desarrolle un apego seguro.

Apego y cuidados alternativos (day-care)
Los cambios sociales acontecidos durante las últimas décadas que han supuesto una importante incorporación de la mujer al mundo del trabajo, han aumentado el interés social por la influencia que puede tener para el desarrollo emocional del niño el ser cuidado por otras personas. Se trata de un problema que ha generado muchas investigaciones y un intenso y acalorado debate durante los últimos años, sobre todo por sus implicaciones prácticas y por su trasfondo ideológico.
Belsky y Rovine (1988) realizaron un meta-análisis sobre cuatro investigaciones que habían estudiado la relación entre los cuidados alternativos y el tipo de apego que los niños establecían con sus madres. Los estudios revisados por estos autores encuentran relación entre apego y day-care, ya que aquellos niños que no eran cuidados exclusivamente por sus madres tenían más posibilidades de mostrar apegos inseguros, por lo que podrían ser considerados como población de riesgo. En concreto, eran aquellos niños que durante el primer año de vida recibían más de 20 horas semanales de cuidados alternativos quienes tenían más posibilidades de ver alterado su desarrollo (el 35% de estos niños, y el 47% cuando los cuidados alternativos superaban las 35 horas, desarrollaban apegos inseguros con sus madres). Los cuidados alternativos que más parecían perjudicar la formación del vínculo con la madre, además de los que suponían más tiempo, eran los que tenían lugar fuera de casa.
Otra revisión realizada un año después (Hoffman, 1989) encontró una relación débil entre los cuidados alternativos durante el primer año y el tipo de apego establecido por el bebé, apuntando la posibilidad de que no sea el hecho de ser cuidado por otras personas, sino algunas de las tensiones familiares que estas situaciones pueden generar las responsables de la inseguridad en el vínculo creado.
Roggman, Langlois, Hubbs-Tait y Rieser-Danner (1994) han criticado el meta-análisis de Belsky y Rovine aludiendo al problema del file drawer. Según estos autores los meta-análisis como el de Belsky suelen realizarse sobre resultados de investigaciones que han sido publicados en revistas, olvidando que la mayoría de los estudios que se publican son aquellos que han encontrado relación entre las variables estudiadas, ya que hay una tendencia entre autores y editores a no publicar los resultados de investigaciones que no detectan esta relación. Así, Roggman et al. (1994) hacen referencia a un importante número de estudios que no encontraron relación entre day-care y tipo de apego, y que por no haber sido publicados no fueron incluidos en el estudio de Belsky y Rovine. En un estudio que estos mismos autores llevan a cabo sobre 105 niños para replicar los analizados por Belsky, utilizando las mismas categorías de day-care a tiempo completo y a tiempo parcial (Roggman et al., 1994), encontraron unos resultados bien diferentes. En concreto, el apego inseguro era más frecuente en los niños que recibían cuidados alternativos a tiempo parcial (10-20 horas/semana) que entre los niños cuidados a tiempo total o que los que no recibían ningún tipo de cuidados alternativos. Estos datos parecen indicar que el day-care parcial está relacionado con una mayor ansiedad en las madres, probablemente por las tensiones suscitadas por el conflicto de roles profesional-maternal. Igualmente saca a relucir la importancia de no considerar todos los cuidados alternativos como una única categoría, sino que resulta muy conveniente diferenciar entre distintos tipos de provisión de cuidados.
En este sentido hay que destacar los resultados de estudios realizados en países como Suecia en los que hay una gran calidad en los cuidados alternativos que se ofrecen a los niños. En este país, Andersson (1992) encontró que aquellos niños que durante el primer año experimentaron estos cuidados fueron considerados por sus maestros como más competentes social, emocional y cognitivamente que los niños que fueron criados por sus madres.
También se han realizado estudios en Israel que han revelado la existencia de un elevado porcentaje de niños de apego inseguro, principalmente ambivalente, entre aquellos niños que acuden a kibbutz (Sagi, 1990). Sin embargo, en un estudio reciente (Sagi, Van Ijzendoorn, Aviezer, Donnell y Mayseless, 1994) se diferenció entre niños que acudían a kibbutz tradicionales en los que, salvo unas horas que pasaban en el domicilio familiar, los niños estaban día y noche, y otros kibbutz en los que los niños iban a dormir a sus casas. En este segundo caso, era mucho más frecuente que los niños desarrollasen apegos seguros con sus madres (80% frente a un 48% de los niños que dormían en el kibbutz). Como señalan los autores, parece que, a pesar de la indudable calidad de los cuidados ofrecidos en estos centros, las condiciones de cuidados nocturnos pueden favorecer la formación de apegos inseguros-ambivalentes: muchos cambios en los turnos de las cuidadoras nocturnas que impiden que los niños lleguen a formar vínculos con ellas, por lo que es muy probable que la intervención de las cuidadoras ante el llanto del niño llegase incluso a provocar ansiedad ante el extraño. También parece probable que existan algunos momentos privilegiados de cara a la formación del vínculo afectivo entre el niño y sus padres. El momento en el que el niño va a dormir parece que puede suscitar una serie de interacciones desformalizadas y cargadas de afecto muy adecuadas para la formación del apego.
Uno de los hallazgos más recientes de la investigación sobre este tema tiene que ver con el efecto mediador que ejercen los cuidados alternativos entre el tipo de apego que establece el niño y su adaptación emocional posterior. Vaughan, Deane y Waters (1985) no encontraron relación entre el apego en la infancia y el ajuste a los dos años de aquellos niños que habían experimentado day-care durante los doce primeros meses de vida. Sin embargo, cuando se trataba de niños cuidados por sus padres sí hubo relación. Como ha indicado Howes (1990), para los niños que experimentan day-care desde muy temprano, es la calidad de éste, más que los factores familiares, lo que predice su adaptación posterior. Egeland y Hiester (1995) encuentran que el tipo de apego manifestado por los niños a los doce meses estuvo relacionado con la adaptación emocional del niño a los 42 meses y en los años preescolares, ya que los niños de apego seguro se adaptaron mejor. No obstante, esta relación sólo se dio entre aquellos niños que habían sido cuidados por su familia. En el caso de los niños que habían sido cuidados por otras personas no se halló esta relación entre el apego inseguro y la desadaptación posterior. El hecho de que los niños de apego inseguro que experimentaban day-care no presentasen problemas emocionales durante los años preescolares puede deberse a que el day-care había liberado a sus madres de algunas de sus responsabilidades de cuidado. Ello podría haber supuesto un cierto alivio que influiría positivamente en su bienestar emocional y en su relación con el niño, mostrándose más responsivas y atentas, con lo que mejoraría la calidad de la vinculación entre madre e hijo. Otra posibilidad apuntada por los autores es que estos niños podían haber establecido con sus cuidadores una relación positiva que compensase la pobre relación que sostenían con sus madres. Los datos obtenidos por Sagi (1990) revelan que el mejor predictor del desarrollo socio-emocional de niños que asisten a un kibbutz es el tipo de apego establecido con su cuidadora. Otros autores (Clark-Stewart, 1989; Thompson, 1988) han apuntado la posibilidad de que la Situación del Extraño no sea un buen procedimiento para evaluar el tipo de apego de aquellos niños que han experimentado day-care, ya que la conducta evitativa de estos niños reflejaría una historia de separaciones y de contactos con personas extrañas, antes que una historia de cuidados maternos inadecuados. Por ello, podrían ser clasificados como niños de apego inseguro en base a su conducta en la Situación del Extraño, cuando en realidad podrían haber establecido un apego seguro. En este aspecto insistiremos en el próximo apartado.
Los datos que hemos expuesto ponen de relieve la complejidad de este problema, que hacen difícil generalizar acerca de las influencias de los cuidados alternativos sobre el vínculo que el niño establece con sus padres. No obstante, no parece que pueda decirse que estos cuidados necesariamente supongan una mayor probabilidad de inseguridad en este vínculo. Es la calidad de los cuidados que se ofrecen al niño como alternativa de los cuidados de los padres lo que parece que determinará la seguridad del apego. Cuando los cuidados son adecuados, y cuando permiten que el niño disponga de tiempo para interactuar con unos padres que viven esta situación sin ansiedad, es muy probable que no surjan problemas emocionales.

La validez transcultural de la teoría del apego
La teoría del apego formulada por Bowlby y Ainsworth tenía una supuesta validez universal como consecuencia de sus raíces biológicas: las conductas de apego manifestadas por el bebé, y las correspondientes conductas maternas de cuidados tienen la función de garantizar la supervivencia del bebé. Sin embargo, esta supuesta validez universal de la teoría estaba fundamentada en un modelo teórico más que en resultados de investigaciones. Este modelo no tenía en cuenta el factor cultural, y se basaba en estudios etológicos y primatológicos, según los cuales el apego tiene un claro valor adaptativo, ya que los sujetos que manifiestan estas conductas tienen más posibilidades de sobrevivir.
Desde un punto de vista antropológico es razonable pensar que en distintas culturas, que representan distintos ambientes de adaptación, habrá diferencias entre las prácticas de crianza consideradas más adecuadas, por lo que variarán los comportamientos y reacciones de los padres ante las llamadas y señales de sus hijos. Estas prácticas y las interacciones establecidas con los niños, que se considerarán correctas desde el punto de vista de la cultura de pertenencia, no tienen porque ser compatibles con los principios de adaptación filogenética o individual (Hinde y Stevenson-Hinde, 1990).
Con excepción de las primeras observaciones que Ainsworth había realizado en Uganda, la mayoría de observaciones sobre conductas de apego habían tenido lugar sobre niños pertenecientes a la cultura occidental. Ello hacía que las investigaciones en las que se empleaba la Situación del Extraño revelasen unos comportamientos semejantes en los niños estudiados, con un claro predominio de los patrones denominados de apego seguro. Sin embargo, en la última década se han realizado estudios en otros países y en otras culturas que han empezado a cuestionar la validez universal de la Situación del Extraño como procedimiento para evaluar el apego, y en consecuencia, de la misma teoría del apego.
Los estudios realizados por Sagi y colegas en Israel (Sagi, Lamb, Lewkowicz, Shoham, Dvir y Estes, 1985; Sagi, 1990; Sagi el al., 1994) han encontrado un elevado número de niños que muestran apego inseguro-ambivalente (C) en la Situación del Extraño, en comparación con los datos de Ainsworth. Los estudios realizados en Japón (Mikaye, Chen y Campos, 1985; Takahashi, 1990)) también apuntan a una elevada incidencia de este tipo de apego, con una ausencia total de apegos inseguros-evitativos. En cambio, en Alemania (Grossman y Grossman, 1990) es el tipo de apego inseguro-evitativo (A) el que sobresale con respecto a los datos procedentes de EE.UU. Incluso dentro de EE.UU. se han encontrado distintas ditribuciones en el tipo de apego manifestado en la Situación del Extraño cuando los sujetos pertenecen a un distinto grupo étnico-cultural. Así, Jackson (1993) indica una mayor incidencia del apego inseguro entre sujetos afro-americanos.
Estas diferencias pueden tener justificaciones de carácter cultural, ya que la Situación del Extraño se basa en los supuestos de que el sistema exploratorio será activado en una sala de juegos, mientras que el sistema de conductas de apego se activará ante el moderado estrés causado por la separación. Sin embargo, podemos pensar que las variables culturales influirán en el grado de estrés generado.
Así, en el caso del Japón, hay que destacar que una de las características de la cultura japonesa es proteger al niño de situaciones difíciles, evitándoles circunstancias estresantes y estimulando su depedencia del adulto (Takahashi, 1990). No es extraño que estos niños muestren mucho estrés en la Situación del Extraño y tiendan a a ser clasificados como inseguros-ambivalentes. Así, parece que la proporción de niños así clasificados dismimuye cuando se familiariza al niño con la situación experimental. En cambio, en Alemania, los padres estimulan muy precozmente la autonomía y la implicación del niño en situaciones estresantes, por lo que es probable que la Situación del Extraño les genere poca ansiedad y muestren una conducta muy independiente. Por otra parte, en las familias afro-americanas es muy frecuente que los niños tengan varios cuidadores, y que las responsabilidades de crianza estén repartidas entre varios adultos, por lo que la Situación del Extraño puede generar escaso estrés en estos niños acostumbrados a distintos adultos y distintas situaciones. En el caso de Israel, las condiciones de crianza de los kibbutz en que los niños son cuidados en grupos por varios cuidadores profesionales, con una atención inconsistente, fundamentalmente durante la noche, podría explicar el apego inseguro-ambivalente. Aunque podrían existir otro tipo de explicación cultural, ya que en algunos estudios realizados sobre niños cuidados en familia también aparece una elevada incidencia de este tipo de apego.
Estas diferencias culturales apreciadas en el comportamiento de los niños en la Situación del Extraño cuestionan claramente la validez de este procedimiento. Si asumieramos su validez universal, tendríamos que pensar que en Japón, Israel, Alemania, y en la cultura afro-americana, habría un mayor porcentaje de niños en situación de riesgo de sufrir trastornos socio-emocionales. Tal vez, este sea el aspecto más relevante de cara la validación de la teoría del apego (Van Ijzendoorn, 1990). Se trataría de estudiar si los niños clasificados como de apego seguro muestran una mejor adaptación socio-emocional, independientemente de la cultura de procedencia. No existen demasiadas investigaciones transculturales, pero los datos de que disponemos no permiten concluir que la relación entre el tipo de apego mostrado en la Situación del Extraño y el posterior ajuste del niño sea independiente de factores culturales.
En Japón, los resultados ofrecidos por Takahashi muestran que los niños inseguros-ambivalentes no tuvieron un peor desempeño cuando tenían 32 meses, por lo que lo que la Situación del Extraño parece evaluar entre los niños japoneses no es el tipo de apego establecido con sus cuidadores, sino su habilidad para afrontar el estrés. En cambio, en Alemania los niños clasificados como B si mostraron un comportamiento menos conflictivo durante los años preescolares (Grossman y Grossman, 1990). No obstante, hay que señalar que este estudio sólo incluía a 35 niños. Los datos de Sagi (1990) sobre Israel, indican que sólo el tipo de apego que el niño establecía con sus cuidadoras resultaba predictor de su ajuste posterior.
Otro aspecto que podría apoyar la validez universal de la teoría del apego es la existencia de una relación, también independiente de factores culturales, entre la responsividad materna y el tipo de apego establecido por el niño. Tampoco sobre este punto se disponen de datos transculturales. Sin embargo, nos atrevemos a pensar que hay que definir mejor la sensitividad o responsividad materna/paterna, teniendo en cuenta los factores culturales. Pensamos que aunque puede haber un cuerpo o núcleo común de respuestas o conductas del adulto cuya relación con un desarrollo favorable en el niño sea ajena a la cultura, también habrá otras muchas que adquirirán su sentido en un determinado contexto cultural, de forma que su influencia positiva o negativa sobre el desarrollo socio-emocional del niño estará claramente mediada culturalemente.

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BRUNNER

Revista Iberoamericana de Educación (ISSN: 1681-5653)
JEROME SEYMOUR BRUNER:
DE LA PERCEPCIÓN AL LENGUAJE
Mikel Aramburu Oyarbide
Facultad de Psicología, Universidad del País Vasco, España
1. LA PERCEPCIÓN
Bruner hizo un gran esfuerzo por demostrar la influencia que tienen las variables cognitivas y
motivacionales en la percepción. Desde este punto de vista, distingue tres fases en la percepción: 1) Una fase
pre-perceptiva, en la que el sujeto está a la expectativa de un determinado acontecimiento, llevado por sus
esquemas intelectuales o motivacionales. 2) La fase de la recepción de la información. 3) La fase de evaluación
de las hipótesis perceptivas, en la que el sujeto juzga la adecuación existente entre sus expectativas
anteriores y la información recibida. Si las hipótesis se confirman, estamos en presencia de un nuevo percepto.
Si no se confirman, se formulan nuevas hipótesis. Algunas veces, si los objetos percibidos no se corresponden
con las expectativas del sujeto, pueden darse distorsiones perceptivas, y se sobrevaloran las características
que se corresponden con las expectativas del perceptor.
Según Bruner, hay dos tipos de determinantes en la percepción:
· Formales: las propiedades de las estimulaciones y del aparato receptor.
· Funcionales: las necesidades, emociones, actitudes, valores y experiencias del perceptor.
Hasta la década de los cuarenta, los psicólogos se ocuparon sobre todo de los determinantes formales
de la percepción; en reacción a esa tendencia, los autores de la “new look” (Salomon Asch y otros autores que
estudiaban la percepción social) empezaron a ocuparse de los determinantes funcionales. Para estos autores,
además de los estímulos recibidos por los sentidos, hay otros factores que influyen en la percepción: las
experiencias previas, las motivaciones, las defensas afectivas y las emociones del perceptor. Bruner trata de
las variables intermediarias que se sitúan entre la experiencia previa y las necesidades del perceptor y su
respuesta perceptiva: son las hipótesis del sujeto.
En un experimento realizado por Bruner y Goodman (1947) con niños de 10-11 años, la mitad de ello
de familias pobres, y la otra mitad de familias ricas, los niños tenían que adecuar un círculo luminoso variable
al tamaño de diferentes monedas. Según se pudo ver en los resultados, se sobrevaloraron los tamaños de las
monedas más valiosas, y se infravaloraron los tamaños de las monedas menos valiosas. Pero fue mayor la
distorsión de los niños de familias pobres.
La percepción se asienta pues sobre la formulación de hipótesis y sobre la toma de decisiones,
influyendo en ella las necesidades, valores y deseos del sujeto. Así, Bruner pudo observar que los sujetos
interpretaban de modo diferente una imagen humana ambigua, expuesta a ellos durante un breve momento.
Los que tenían fuertes valores religiosos, percibían a un hombre en actitud de rezar; los que compartían
valores de la ética protestante, percibían a un hombre trabajando.
2. LA REPRESENTACIÓN
Aramburu Oyarbide, M.: Jerome Seymour Bruner: de la percepción al lenguaje
Revista Iberoamericana de Educación (ISSN: 1681-5653)
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El sujeto codifica y clasifica los datos que le llegan del exterior, reduciéndolos a categorías de las que
dispone para comprender el entorno. Estas clasificaciones y codificaciones son procesos intermediarios entre
los estímulos y la conducta. Son clasificaciones y codificaciones que dependen de las necesidades,
experiencias, expectativas y valores del sujeto.
Para Bruner, el comportamiento no es pues algo que depende únicamente y mecánicamente de un
estímulo objetivo externo; el sujeto transforma la información que le llega por medio de tres sistemas de
representación: la representación enactiva, la representación icónica y la representación simbólica.
En la representación enactiva (enactive representation) el sujeto representa los acontecimientos, los
hechos y las experiencias por medio de la acción. Así, por ejemplo, aunque no pueda describir directamente
un vehículo como la bicicleta, o aunque no tenga una imagen nítida de ella, puede andar sobre ella sin
tropezar. Los contornos de los objetos relacionados con nuestras actividades quedan representados en
nuestros músculos. Este tipo de representación está pues muy relacionado con las sensaciones cenestésicas
y propioceptivas que tiene el sujeto al realizar las acciones. Es un tipo de representación muy manipulativo.
La representación icónica (iconic representation) es más evolucionada. Echa mano de la imaginación.
Se vale de imágenes y esquemas espaciales más o menos complejos para representar el entorno. Según
Bruner, es necesario haber adquirido un nivel determinado de destreza y práctica motrices, para que se
desarrolle la imagen correspondiente. A partir de ese momento, será la imagen la que representará la serie de
acciones de la conducta.
La representación simbólica (symbolic representation), va más allá de la acción y de la imaginación;
se vale de los símbolos para representar el mundo. Esos símbolos son a menudo abstracciones, que no tienen
porqué copiar la realidad. Por medio de esos símbolos, los hombres pueden hipotetizar sobre objetos nunca
vistos.
Al tratar de examinar la influencia que tienen estos tipos de representación en la educación, Bruner
constató que incluso las personas que han accedido a la etapa de la representación simbólica, se valen
todavía a menudo de la representación enactiva e icónica, cuando van a aprender algo nuevo. En
consecuencia, Bruner aconseja a los educadores que utilicen en las escuelas la representación por la acción y
la representación icónica, cuando vayan a enseñar algo nuevo.
Cada niño puede utilizar el nivel de representación que le permita su nivel de desarrollo. Un niño que
está estudiando “la relieve” en el área de Naturaleza, puede valerse de la representación enactiva para construir
su representación, subiendo y bajando las faldas de una colina. Utilizará la representación icónica, si se vale
de una maqueta de curvas de nivel. Puede también valerse de la representación simbólica, si ha adquirido un
nivel de evolución suficiente y es capaz de interpretar las cotas de relieve.
En consecuencia, Bruner rechaza la tendencia a la introducción demasiado temprana y precoz del
lenguaje formal; incluso cuando el alumno haya llegado al nivel simbólico. El aprendizaje significativo se logra
mejor, si pasa por las tres etapas:
3. LA CONSERVACIÓN
Aramburu Oyarbide, M.: Jerome Seymour Bruner: de la percepción al lenguaje
Revista Iberoamericana de Educación (ISSN: 1681-5653)
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En los experimentos sobre la conservación se puede ver el paso de la representación icónica a la
representación simbólica. Bruner y Kenney (1966) mostraron un ejemplo del cambio de la representación
icónica a la representación simbólica en niños de 5 a 7 años. Utilizaron 9 vasos de tres diámetros diferentes y
de tres alturas diferentes. Tal como aparece en la Figura-1, los vasos se colocaban en una tabla de 3 x 3.
Figura1. Procedimiento de construcción de la matriz
(Bruner y Kenney, 1966)
Se le pedía al niño que mirara la tabla; acto seguido, el experimentador mezclaba los vasos y pedía al
niño que hiciera algo parecido a lo que había antes. Después de haber logrado con éxito el primer
ordenamiento, el experimentador mezclaba de nuevo los vasos, pero colocando el vaso bajo y estrecho, que al
comienzo estaba en el extremo inferior-izquierdo, en el extremo inferior-derecho; acto seguido, se le pedía al
niño que colocara los vasos como al comienzo, dejando en su sitio el vaso que el experimentador había
cambiado de lugar.
En la tarea de reconstruir la matriz original, poniendo en su lugar los vasos desplazados de su lugar,
no se constataron diferencias entre los niños de 5, 6 y 7 años. Casi todos los niños, ejecutaron bien el trabajo.
La única diferencia estuvo en la mayor rapidez de los niños mayores al ejecutar el trabajo. En la tarea de
construir la matriz, con la posición de un vaso cambiada, casi todos los niños de 7 años realizaron bien el
trabajo. Ninguno de los más pequeños consiguió superar la tarea. En este experimento se pudo constatar que
en los niños más pequeños influye mucho la imagen de la matriz original. Los niños de 5 años tienden a
representar la matriz icónicamente, como si fuera una imagen espacial. Sin embargo, los niños de 7 años
disponen ya de símbolos lingüísticos como la anchura o la altura.
Los niños que utilizan la representación icónica tienen una sensibilidad especial para la organización
espacial e imaginaria de la experiencia, pero tienen menos sensibilidad para los principios y normas de
ordenación de esa organización. Incluso el lenguaje que utilizan en la elaboración de la tarea no es un
instrumento suficientemente trabajado para esa ordenación (Bruner, 1964).
Aramburu Oyarbide, M.: Jerome Seymour Bruner: de la percepción al lenguaje
Revista Iberoamericana de Educación (ISSN: 1681-5653)
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Según demostraron Piaget e Inhelder (1962), si se les presentan a niños de 4-7 años, dos recipientes
iguales que tienen la misma cantidad de agua, en el momento en que se eche el agua de uno de esos vasos a
otro más ancho o más estrecho, los niños dejarán de considerar que se trata de la misma cantidad de agua. Si
el segundo vaso es más alto y estrecho, el niño dirá que hay más agua, porque llega a mayor altura; si es más
ancho, dirá que hay menos agua, porque el nivel queda más bajo. Si cambia pues la forma del vaso, el niño no
será ya capaz de conservar el volumen del líquido.
Las pruebas de conservación de Frank que menciona Bruner, tienen por objetivo evaluar esa capacidad
en los niños. Evaluó en un experimento la capacidad de conservación de niños entre 4 y 7 años. Presentaba
dos vasos normales e iguales, con la misma cantidad de agua, de forma que los niños pudieran ver que tenían
la misma cantidad de agua (Figura-2). Luego, ponía junto a los vasos normales, un vaso de la misma altura,
pero más ancho. A continuación, el experimentador echaba el agua de un vaso normal al vaso más ancho, y
preguntaba al niño si había la misma cantidad de agua en los dos vasos. La capacidad de representación del
niño aumenta con la edad. Más tarde, el experimentador oculta los tres vasos detrás de una pantalla, dejando
ver sólo el borde superior de los vasos, de forma que no se pudiera ver el nivel del líquido. A continuación, se le
preguntaba al niño a ver qué vaso tenía más agua, o si los dos vasos, el ancho y el normal tenían la misma
cantidad de agua. Comparando con la prueba realizada sin pantalla, se dio un incremento extraordinario de
juicios correctos en la prueba realizada con pantalla.
Figura 2
Pretest: los vasos A y B son del mismo tamaño y están llenos hasta el mismo nivel. Se vierte agua
desde el recipiente B al recipiente C y se le pregunta al sujeto a ver dónde hay más agua, en A o en C.
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El porcentaje de respuestas correctas pasó de 0 al 50% en los niños de 4 años; del 20% al 90% en
los niños de 5 años; y del 50% al 100% en los niños de 6 años. Al ocultar los vasos detrás de la pantalla, los
niños justificaban del siguiente modo sus juicios correctos: “es la misma agua” o “lo único que has hecho es
pasar el agua de un vaso a otro”.
Cuando se retiraba la pantalla, todos los niños de 4 años cambiaron de opinión. Confundidos por la
información icónica, pensaban que el vaso ancho tenía menos agua. La mayor parte de los niños de 5 años
mantenían sin embargo su juicio inicial, haciendo mención, eso sí, a la diferencia entre la apariencia y la
realidad. Todos los niños de 6 y 7 años mantuvieron su postura inicial. Posteriormente, pasados unos minutos,
se hizo un post-test, utilizando un vaso alto y estrecho, juntamente con los vasos normales, pero sin pantalla.
La experiencia anterior no influyó en los juicios de los niños de 4 años: en esta nueva tarea, ninguno de ellos
mantuvo la idea de conservación; pero la idea de conservación de los niños de 5, 6 y 7 años aumentó mucho
del pretest al post-test.
Bruner y Kenney (1966) hicieron también otro experimento, con la finalidad de examinar el paso de la
representación icónica a la simbólica. Se pedía a niños de 5, 6 y 7 años que dijeran cuál de dos vasos estaba
más lleno y cuál más vacío. El concepto de estar “lleno” era considerado como muy fértil por Bruner, ya que
incluía dentro de sí la idea de la proporción entre el volumen del recipiente y el volumen de la sustancia
contenida en él. A un niño que se guía por el tipo de representación icónica se le hace muy difícil considerar
que un pequeño recipiente medio lleno (por ejemplo, una copita) y un gran recipiente medio lleno (por ejemplo,
un tonel), están llenos en la misma medida, ya que el recipiente grande tiene mayores medidas, en lo que se
refiere al volumen. Para poder dar un respuesta correcta, el niño debe hacer una operación simbólica,
superando la apariencia icónica. En la Figura-3 aparecen los 11 vasos utilizados en el experimento.
Hay cuatro tipos de vasos: los del Tipo-I (4, 7a y 7b) están todos llenos hasta la mitad, pero tienen una
capacidad diferente; los del Tipo-II (2, 7a y 7b) están llenos del todo, pero tienen una capacidad diferente; los
del Tipo-III (3, 8a y 8b) tienen una capacidad diferente, y uno de ellos está medio lleno, mientras que el otro
está totalmente lleno; los del Tipo-IV, son dos recipientes de la misma capacidad: en el dibujo 1 los dos están
medio llenos, y en el dibujo 5 no están igualmente llenos.
Los criterios que utilizaban los niños de 5 a 7 años para decidir si los vasos estaban o no estaban
igual de llenos eran similares. Estos criterios no se basaban en la proporción, sino en impresiones sensoriales
que recibían directamente de la observación. El recipiente que aparentemente tenía un mayor volumen de
agua, lo consideraban más lleno, siendo el nivel de agua el que indicaba la medida de ese volumen. Si el nivel
del líquido era el mismo en los dos vasos, entonces se tenía en cuenta la anchura del vaso; cuando la anchura
y el nivel eran los mismos, se tomaba en cuenta la altura del recipiente.
4. PROCEDIMIENTO DE PROPORCIÓN
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Figura 3. (Bruner eta Kenney, 1966)
En cuanto a cuál de los vasos se consideraba que estaba más vacío, si se tienen en cuenta los tres
niveles de edad, se observa que los niños mayores tenía por costumbre comparar la porción llena y la porción
vacía de cada vaso. El vaso “más vacío” era para ellos, el que tenía mayor volumen de espacio vacío aparente,
y el “más lleno” era el que tenía el mayor volumen de espacio lleno. En consecuencia, llegaban a respuestas
contradictorias, porque a la hora de decidir entre un vaso grande medio lleno y un vaso pequeño también medio
lleno, el vaso que consideraban como el “más lleno” era el mismo que consideraban como el “más vacío”. Sin
embargo, los niños más pequeños, equiparaban el “estar vacío” con el “ser pequeño”: el vaso que consideraban
más vacío era el que aparentaba tener el menor volumen de líquido. Tomando los tres pares de vasos del Tipo-
I, y teniendo en cuenta solamente los errores, para los niños de 7 años, el vaso más vacío era el que mayor
espacio vacío tenía; sin embargo, para los niños de 5 años, el vaso más vacío era el que tenía menor volumen
de agua.
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Según se puede deducir de estos experimentos, los errores de contradicción aumentan con la edad,
teniendo mayor tendencia a considerar el mismo recipiente a la vez como más vacío y como más lleno.
Mientras que los niños de 5 años se centraban únicamente en una dimensión (lleno-vacío), los niños de 7 años
se fijaban en dos aspectos, aunque no tenían todavía medios para relacionar esos dos aspectos con un
tercero, que sería el volumen del vaso. En opinión de Bruner, las dificultades se encuentran en pasar del
formato icónico-perceptivo al formato simbólico. Cuando el niño llega a tener en cuenta el tercer aspecto, esto
es, el volumen del recipiente, aparece el concepto simbólico de la proporción. Por medio de ese concepto,
puede representar algo que no está perceptivamente presente. A los niños de mayor edad, a pesar de sus
contradicciones, no les falta mucho para llegar al hallazgo.
Las investigaciones llevadas a cabo por Bruner, o mencionadas por él, marcan este sentido en la
evolución cognitiva del niño: a la hora de clasificar hechos y objetos, en la medida en que van madurando, los
niños utilizan cada vez menos los criterios perceptivos e icónicos, y utilizan cada vez más normas para
organizar la realidad en estructuras jerárquicas supraordenadas. En la medida en que va adquiriendo las
capacidades lingüísticas y en la medida en que las va actualizando en la organización de los hechos, va
superando la organización perceptiva y empieza a organizar la realidad de acuerdo a normas más abstractas,
basándose en principios de inclusión, exclusión etc.
Para superar el mundo perceptivo inmediato, es pues necesario traducir los acontecimientos del
entorno a la forma simbólica de representación. El niño necesita un sistema que le permita trascender la
situación presente, dándole la posibilidad de manejar algo que no pueda percibir directamente de la realidad.
La representación icónica aparece ligada a las propiedades perceptivo-espaciales de los acontecimientos
actuales. Es el lenguaje el que posibilitará el distanciamiento con respecto a la realidad inmediata,
posibilitando hacer operaciones combinatorias y productivas con el objeto representado ausente. Este nuevo
avance posibilitará al niño el que pueda diferir su gratificación.
5. LA FORMACIÓN DE CONCEPTOS
Cuando tratamos de clasificar los objetos, abstraemos algunas de sus cualidades y rechazamos otras.
Para eso tenemos que representar los objetos, y para ello, tal como hemos visto, tenemos diferentes tipos de
representación. La representación icónica, por ejemplo, es concreta y poco esquematizada; tiene grandes
dificultades para liberarse de la configuración perceptiva concreta. Por eso, ese tipo de representación dificulta
la adquisición de conceptos abstractos, basados en las características esenciales de los objetos.
¿Cómo llegan los niños a formar los conceptos? Los niños con predominio de representación enactiva,
hacen clasificaciones basadas en el aspecto manipulativo; lo niños con predominio de representación icónica,
hacen clasificaciones basadas en aspectos perceptivos. Para que lleguen a la clasificación lógica, tienen que
traer al primer plano la forma de representación simbólica.
Oliver y Horsnsby (Bruner y cols., 1966) estudiaron estos puntos, presentando a sujetos de 6 a 19
años series de material figurativo y haciéndoles buscar sus características comunes. Se les presentaban dos
conjuntos de palabra. Por una parte, plátano, melocotón, patata, carne, leche, agua, aire y bacilos; por otra
parte, campara, bocina, teléfono, radio, periódico, libro, pintura y educación. En cada serie, los
experimentadores empezaban señalando dos palabras (plátano-melocotón o campana-bocina) y se preguntaba
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al examinando sobre la similaridad existente entre los dos objetos. Al final de cada serie había una palabra que
no combinaba bien con la serie. Los sujetos examinados debían de señalar la diferencia con respecto a los
otros objetos.
Los autores encontraron diferencias notables en la forma de agrupación. Los niños de 6 años se
guiaban por criterios de percepción: forma, tamaño, color, orientación, posición. Según iban avanzando en
edad, daban más importancia a la
función del objeto. Hacia los 9 años, buscaban la función común de los objetos, sin tener en cuenta su
utilización real.
Bruner, Goodnow y Austin estudiaron las estrategias de formación de conceptos en su libro A Study of
Thinking. Mostraron a los estudiantes del experimento las 81 láminas. Las figuras de las láminas tenían cuatro
dimensiones, que cambiaban en tres valores: forma (cruz, círculo, cuadrado), color (blanco, negro, con barras),
número de márgenes (uno, dos, tres) y número de objetos (uno, dos, tres)..
Con esas imágenes se pueden formar conceptos, teniendo en cuenta que algunos estímulos serán
ejemplos positivos del concepto, y otros estímulos serán ejemplos negativos del concepto.
El tipo de concepto más simple es el concepto de valor único, aquel que es definido por un solo
atributo. Tiene en cuenta solamente el valor de una dimensión, dejando de lado las otras dimensiones. Por
ejemplo, “todas las laminas de tres figuras”. Cuando utilizamos una única característica común en la formación
de conceptos, las posibilidades de agrupamiento son muy numerosas. Pero hay que tener en cuenta, que la
mayor parte de los conceptos se definen por más de una característica. Bruner analiza las relaciones que se
establecen entre estas características en los conceptos conjuntivos, disjuntivos y relacionales.
Para formar un concepto conjuntivo se necesitan de 2 a 4 atributos. El concepto conjuntivo lo definen
dos (o más) características, y las dos son necesarias para describirlo. Por ejemplo: “todas las láminas de
cruces rojas y de dos recuadros”.
Par formar un concepto disjuntivo, se necesita una dimensión de entre dos o más dimensiones. Un
valor de una dimensión u otro valor de otra dimensión. Los conceptos disjuntivos se definen por una u otra
característica. Por ejemplo, “todas las láminas que tienen una cruz o una figura negra”. En este caso, no son
necesarias las dos características para que sea un ejemplo positivo del concepto. Es suficiente con el valor de
una dimensión u otro valor de una dimensión diferente.
Los conceptos relacionales vienen definidos por las relaciones entre los valores, y no por la mera
presencia de esos valores. Los atributos o dimensiones que los definen están relacionados entre sí. Por
ejemplo, “todas las láminas que tienen la misma cantidad de figuras y márgenes”.
La característica común que une a los diferentes tipos de conceptos es la de tener una estructura de
clase lógica. Con esto se quiere decir que, una vez conocido el concepto, podemos decir sin ningún tipo de
duda si un estímulo es o no es un ejemplo positivo de ese concepto.
Bruner, Goodnow y Austin (1956) utilizaron dos procedimientos diferentes para el estudio de la
adquisición de los conceptos: el método de recepción y el método de selección.
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En el método de recepción se le explica al sujeto el tipo de concepto y el experimentador le presenta
una de las 81 láminas, diciéndole que es un ejemplo positivo del concepto que él tiene en mente y que el
sujeto tiene que adivinar. Luego, ocultando el estímulo inicial, el experimentador le presenta otro estímulo, y el
sujeto tiene que decir si considera que es un ejemplo positivo o negativo del concepto, y también tiene que
decir cuál es su hipótesis con respecto al concepto que el experimentador tiene en mente. El experimentador
le debe de informar sobre si el pronóstico que ha hecho sobre el estímulo es o no correcto. El sujeto debe de
continuar hasta dar con el concepto.
En el método de selección, es el sujeto mismo el que elige las láminas. Como en el experimento por
recepción, también aquí, el experimentador le dice que tiene en mente un concepto, le presenta un estímulo
que es una caso positivo de ese concepto, y le dice al sujeto que tiene que adivinar de qué concepto se trata.
A partir de ahí, es el mismo sujeto quien selecciona los estímulos, uno a uno y en el orden que quiera, le dice
al experimentador si se trata de un caso positivo o negativo del concepto y le pregunta si está o no en lo cierto.
La tarea sigue hasta dar con el concepto correcto.
Observando en esas condiciones la resolución del problema de formación de los conceptos, Bruner y
sus colaboradores se dieron cuenta de que los sujetos utilizaban diferentes estrategias.
Centrándose en el método de recepción, distinguen dos estrategias: la estrategia holistica y la
estrategia parcial. En la estrategia holística, el sujeto toma como atributos definidores todos los valores del
primer caso positivo. Partiendo de esa hipótesis, va rechazando los valores que no aparecen en los otros
ejemplos positivos, hasta dar con el concepto correcto. En la estrategia por partes, el sujeto toma como
hipótesis uno o algunos de los valores del primer caso positivo, y mantiene esa hipótesis, hasta que encuentra
casos positivos o negativos que la falseen. En este caso, debe sustituirlo por una hipótesis que combine bien
con casos pasados que guarda en su memoria.
La estrategia holística abre un proceso de verificación sistemática, rechazando progresivamente los
atributos. En esta estrategia, serán únicamente los casos positivos los que den información significativa. En la
estrategia por partes, surgen problemas a la hora de rechazar una hipótesis o de sustituirla por otra, ya que el
sujeto debe recordar los casos pasados y encontrar una hipótesis que concuerde con ellos. Según pudieron
constatar Bruner y colaboradores, los estudiantes universitarios utilizaban la estrategia holística, y los que se
valían de esa estrategia identificaban más rápidamente el concepto que los que utilizaban la estrategia parcial.
Esa diferencia era aún mayor, en la medida en que crecía la dificultad de la tarea.
Bruner y colaboradores, identificaron también dos estrategias cuando utilizaron el método de
selección: la estrategia focalizada y la estrategia de verificación sucesiva de hipótesis.
Al utilizar la estrategia focalizada, coge como atributos que definen al concepto todos los valores del
primer caso positivo. El primer caso positivo funciona como foco en el proceso de verificación. Partiendo de esa
hipótesis, irá seleccionando las láminas que le ayudarán a desechar atributos. Se puede utilizar un enfoque
conservador o uno arriesgado. En el enfoque conservador, se elegirán los valores que se diferencien en un solo
atributo del foco; en el enfoque arriesgado, los valores seleccionados se distinguirán en más de un atributo del
foco. Si el ejemplo es positivo, el proceso de rechace será rápido. Si es negativo, dará poca información.
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En la estrategia de verificación sucesiva de hipótesis, el sujeto toma como hipótesis una o varias
características del primer caso positivo. Algunas veces, hará un análisis simultáneo de todas las hipótesis
posibles, rechazando, después de cada caso, las que no se tienen en pie. Otra veces, hará un estudio
sucesivo de la hipótesis, tomándolos uno a uno. El sujeto comienza por una hipótesis y la mantiene, si predice
bien la clase del ejemplo. En el caso contrario, la cambia por otra que concuerde con toda la experiencia
pasada.
Tal como sucedía en el método de recepción, las estrategias focalizadas fueron más eficaces que la
de verificación sucesiva, y los estudiantes analizados por Bruner y colaboradores las utilizaban más
frecuentemente. En la estrategia de verificación sucesiva de hipótesis, el sujeto limita su elección a las
láminas que le permiten comprobar directamente su hipótesis. Una vez hecha la elección, pasa a una nueva
hipótesis, y la comprueba de nuevo directamente. Esta estrategia exige recordar los ejemplos comprobados de
antemano. Esta estrategia exige pues más a la memoria que la estrategia focal. Además, la estrategia de
verificación sucesiva dificulta saber cuáles son los criterios que no tienen relevancia.
Según pudieron comprobar Bruner, Goodnow y Austin, los conceptos disjuntivos eran más difíciles de
adquirir que los conceptos conjuntivos. En el caso de los conceptos disjuntivos, la información negativa tiene
mas relevancia que la información positiva; para rechazar las hipótesis, se necesitan ejemplos negativos del
concepto. Y como los sujetos muestran preferencia por la información positiva, los conceptos disjuntivos son
más difíciles de adquirir. Si se mira a la evolución del niño, antes de diez años el niño tendrá en cuenta
solamente los ejemplos positivos en la formación de conceptos. Más tarde, irá teniendo en cuenta
sistemáticamente la información negativa.
De todas formas, Bruner admite que él trabajo sobre todo con conceptos artificiales. Más tarde,
incluyeron en la investigación elementos y tareas de mayor realismo. En los trabajos abstractos de los
conceptos artificiales les era bastante indiferente a los sujetos el que fuera uno u otro el atributo significativo;
pero, desde el momento en que se introdujeron temas realistas de personas como material de formación de
conceptos, los sujetos mostraron preferencias por ciertas hipótesis. Veían cada estímulo como una historia.
Les resultaba mucho más difícil la falsación de hipótesis temáticas, ya que en los conceptos temáticos no se
trata de una mera lista de atributos, sino que entraba en juego un sentido y un significado.
6. LA CODIFICACIÓN
Cuando vamos más allá de la información dada, es porque disponemos de un sistema de codificación
más extenso; una vez en posesión de ese sistema de codificación, podremos lograr una sobreinformación,
basados en probabilidades contingentes que hemos aprendido o en principios aprendidos para relacionar el
material. Una parte importante de la transferencia del aprendizaje consiste justamente en aplicar sistemas de
codificación aprendidos a nuevos sucesos.
Pero, ¿qué condiciones tienen que darse para que el sujeto pueda aplicar sus aprendizajes a nuevas
situaciones?. Primeramente, hay que mencionar el papel de las disposiciones. Para ello, Bruner saca a relucir
el clásico estudio de Hull. Los sujetos deben de memorizar qué sílabas sin sentido se relacionan con tal o cual
figura. Un subconjunto de la serie de figuras lleva una etiqueta, y el otro subconjunto lleva otro. Sin que el
sujeto lo sepa, esos subconjuntos tienen una propiedad que los define. Al sujeto se le asigna la tarea de
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adivinar la etiqueta que corresponde a cada dibujo. Si el sujeto piensa que el trabajo consiste en la
memorización de etiquetas, esa predisposición le impide una más rápida adquisición de los conceptos, y no le
permite recordar bien; si se le explica claramente al sujeto la finalidad real del experimento, es decir, si se le
dice que el objetivo es llegar a saber qué es lo que hace que unos dibujos lleven una etiqueta y otros lleven
otra, en esa situación adquieren más fácilmente el concepto. La disposición preinducida puede llevarle a un
comportamiento más mecánico o a utilizar sistemas apropiados para una codificación más genérica de hechos
y principios.
El máximo proveedor de instrucciones inductoras es la historia profesional o social de cada uno. Por
deformación profesional, echamos mano de códigos formales comunes a nuestra experiencia o profesión, a la
hora de codificar la realidad. Llegado a este punto, Bruner nos recuerda las disposiciones típicas de la
persona, que le llevan a tomar una actitud más o menos abstracta o concreta ante las situaciones de
resolución de problemas. Las personas que puntúan alto en concreción, tratan y procesan los hechos desde la
perspectiva de su identidad particular, sin trascender a lo más general. Las personas que tienen una actitud
más abstracta, trascienden lo particular y lo engloban dentro de categorías más generales, como un caso
particular de ellas.
La generalidad de los sistemas de codificación que utilizamos para ir más allá de los dado, depende
también de estar suficientemente motivado. En opinión de Bruner, los que tienen un nivel de motivación
demasiado bajo o demasiado alto, generan una actividad cognitiva orientada más bien a la concreción. Para
que se genere una tendencia a la adquisición de un sistema de codificación generalizable, se requiere un nivel
de motivación mediano.
También el nivel de adiestramiento tiene que ver con la generalización de la codificación. Cuanto más
entrenado esté el sujeto, llegará a una mayor generalización de la codificación, siempre que la motivación no
sea demasiado grande o demasiado pequeña. Para que un aprendizaje se pueda generalizar, es necesario que
se posibilite el descubrimiento de regularidades de nivel inferior, así como la combinación de esas
regularidades en sistemas superiores de codificación.
En lo referente a la diversidad de situaciones entrenamiento, si queremos generalizar de una situación
a situaciones similares, tenemos que abstraer las propiedades definitorias de la clase de hechos
correspondientes a la situación original. Si queremos que el sujeto transfiera el aprendizaje de una situación a
otra, tendremos que mantener por más tiempo a los sujetos experimentales y habrá que exponerles a más
tareas originales.
Tratando de la invención de sistemas de codificación, hay que mencionar los cambios habidos en el
último siglo. Si las teorías de la física newtoniana eran presentadas como descripciones de los
descubrimientos sobre la naturaleza, y no como un sistema de constructos teóricos, la ciencia actual
construye teorías y modelos formales con capacidad de predicción. El Universo no es una realidad objetiva,
sino un conjunto de constructos que inventan los científicos para comprender y predecir sus observaciones.
Los sistemas teóricos aparecen como sistemas de codificación que posibilitarán al científico generalizar más
allá de los datos observados.
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La teoría o el modelo es un sistema de codificación, vacío de contenidos particulares. La producción
de un sistema de codificación generalizable, consiste justamente en esta operación de vaciado del contenido
concreto. El aprendizaje de lo general es la “cara” de la moneda. La “cruz” de la moneda consiste en la
operación de vaciado o de abstracción.
Bruner aconseja a los estudiantes que aprendan a utilizar estos sistemas de codificación, porque eso
les posibilitará ir más allá de lo dado. Los estudiantes deben de adquirir sistemas de codificación que sean
aplicables en situaciones distintas a las originales.
7. EDUCACIÓN Y DESARROLLO
La educación es una invención de la sociedad. En las sociedades primitivas, el niño aprende imitando
modelos directos del mundo adulto que le rodea desde el nacimiento. En las sociedades complejas, los niños
no toman parte directa en el mundo de los adultos; aprenderán de los adultos, pero en instituciones fuera del
contexto natural.
El uso que el hombre vaya a hacer de su inteligencia, depende de su capacidad para inventar y utilizar
herramientas y tecnologías; éstas le permiten maximizar sus capacidades. Según Bruner, el lenguaje es el
mejor ejemplo de una tecnología potente, ya que se utiliza no sólo para comunicarse, sino también para
representar, codificar y transformar la realidad.
Para Bruner, una teoría del desarrollo intelectual tiene que ayudarnos a comprender mejor cómo tiene
que ser la educación. Una teoría de la instrucción tiene que aclarar los criterios que tienen que tenerse en
cuenta para organizar un clima de estudio favorable para un aprendizaje adecuado. Tiene que establecer las
normas para lograr de modo eficaz los resultados que se quieren obtener. Habría que distinguir entre una teoría
de la instrucción que sería normativa, de una teoría del aprendizaje que sería descriptiva. La teoría del
aprendizaje nos dice qué ocurre; la teoría de la instrucción nos dice qué hay que hacer para que el aprendizaje
sea eficaz.
Para Bruner, una teoría de la instrucción tienen que cumplir las siguientes condiciones:
· Tiene que tomar en consideración factores personales del alumno como . Más el interés, la
curiosidad, el placer, el deseo de aprender.
· Los temas de estudio hay que adecuarlos al nivel del alumno. Según Bruner, se puede enseñar
cualquier tema a una persona de cualquier edad, siempre que se adecuen al nivel de desarrollo
del alumno.
· El profesor debe conseguir que el alumno sea consciente de la importancia de sus esfuerzos para
conseguir sus objetivos a largo plazo. Para Bruner, el conocimiento de los resultados debe de
ocurrir en el momento en que está resolviendo el problema. El refuerzo es, en este sentido, la
retroalimentación que proviene de los resultados del ensayo. Si ese refuerzo llega demasiado
tarde o demasiado temprano, no se aprovecha.
· El aprendizaje por descubrimiento es el único tipo de aprendizaje que puede infundirle confianza
en sí mismo. Este tipo de aprendizaje libera al alumno del control de la motivación externa.
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· Si la escuela ha de llevar a cabo una labor educativa adecuada y equilibrada, debe de permitir al
alumno que se comporte de un modo intuitivo, cuando así lo requiera. El pensamiento intuitivo
permite enseñar al niño la estructura fundamental de un tema, antes de que sea capaz para el
razonamiento analítico. Es el tipo de conocimiento que se consigue por medio del arte y de la
poesía.
8. EL LENGUAJE Y LA CULTURA
Bruner piensa que el niño tiene algún tipo de conocimiento del mundo real, aun antes de ser capaz de
clarificar con eficacia los misterios de la sintaxis. Antes de aprender a hablar, el niño dispone de unas
capacidades cognitivas:
· Muchos procesos cognitivos de la infancia van orientados a actividades dirigidas a unos objetivos.
· Los niños son sociables en el sentido de que están predispuestos a responder a la voz, al rostro,
a los gestos y a las acciones de los que le rodean. Los adultos activan muy precozmente las
estructuras de interacción de los niños. Los dispositivos interaccionales de los niños, a su vez,
engloban rápidamente las acciones de los adultos. El dispositivo primordial que tienen los niños
para lograr sus objetivos es un miembro adulto de su propia familia.
· Muchas de las primeras acciones de los niños se dan en situaciones restringidas de la familia, y
muestran un nivel de sistematización muy elevado. Dice Bruner, que cuando el campo de acción
del niño está delimitado, lo que ocurre en ese campo es tan ordenado y sistemático como lo que
ocurre en la vida de un adulto. Cuando el niño entra en el mundo del lenguaje y de la cultura, está
ya preparado y capacitado para descubrir e inventar formas sistemáticas de relacionarse con las
exigencias de la sociedad y con las formas lingüísticas. La comunicación prelingüística y la
lingüística suceden en un campo restringido: en esas situaciones, el niño y el educador combinan
todos los elementos para abrir una comunicación eficaz.
· Según Bruner, el carácter sistemático de las capacidades originales del niño es
extraordinariamente abstracto. Parece como si los niños se rigieran por normas, a la hora de
entablar sus relaciones espaciales, temporales o de causa-efecto. Estas capacidades cognitivas
son los mecanismos básicos para la adquisición del lenguaje. Para pasar de una comunicación
prelingüística a una comunicación lingüística, es necesario un escenario rutinario y familiar, que
posibilite el que el niño pueda comprender lo que está sucediendo. Son estas rutinas las que
Bruner llama Sistemas de Apoyo a la Adquisición del Lenguage (LASS: Language Acquisition
Support System).
El LASS asegura el paso de la comunicación prelingüística a la comunicación lingüística de estas
cuatro formas:
· Bruner dice, mencionando a Bickerton (1981), que los niños están “bioprogramados” para percibir
unas distinciones entre los acontecimientos del mundo real, comunicarse respecto de ellas y
hacer las distinciones lingüísticas correspondientes. En la medida en que la sincronización de la
interacción entre el adulto y el niño se concentra en estas distinciones, ayudamos al niño a que
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pase de su expresión conceptual a una representación lingüística apropiada. Esta distinciones
las encontraremos en los formatos.
· El adulto ayuda al niño modelando frases que sustituyan a la comunicación gestual y vocal
primitiva del niño, para que pueda cumplir las funciones comunicativas pertinentes.
· Lo que caracteriza al formato de los juegos es que está constituido por “hechos” generados y
recreados por medio del lenguaje. El formato de los juegos ofrecerá una amplia gama de
oportunidades para aprender el lenguaje y utilizarlo.
· Cuando la madre y el niño se integran en formatos de rutina, se ponen en marcha procesos
psicológicos y lingüísticos que se generalizan de un formato a otro.
Los cuatro mecanismos mentales que hemos mencionado componen el equipamiento mental mínimo
que el niño necesita para adquirir el lenguaje. Sin embargo, quien quiera aprender una lengua necesita algo
más que esa maquinaria elemental. No basta con estar dotado de la capacidad léxico-gramatical, hace falta
saber cómo utilizar el lenguaje en forma comunicativa.
¿Cómo consigue el niño actuar en los demás por medio del lenguaje? Es el Dispositivo de Apoyo a la
Adquisición del Lenguaje (LASS) el que regula la interacción entre las personas, el que ayuda a la utilización
correcta del lenguaje. Ese dispositivo no es puramente lingüístico. Es la característica central que tiene el
sistema para la transmisión cultural; el lenguaje es creador de esa cultura, y , a la vez, instrumento de ella. En
su interacción con el primer lenguaje, el niño dispone de la primera oportunidad para interpretar los textos
culturales. Al aprender cómo decir, aprende lo que es canónico, obligatorio y valorado en y por la cultura. El
niño aprende esto último por medio de un tipo de comunicación que no llega a ser lingüístico.
Para Bruner, el medio principal del LASS es el “formato”. El formato es una pauta estandarizada de
interacción entre un adulto y un niño, una pauta que tiene funciones delimitadas que son reversibles. Incluye no
solamente la acción, sino incluso la comunicación que organiza, dirige y completa esa acción. Más tarde, los
formatos se organizan en grupos y serán considerados como módulos que construyen una interacción social y
un discurso más complejo. En la medida en que la abstracción va creciendo, los formatos se liberan de los
esquemas específicos y pueden ser utilizados en situaciones diferentes. La forma va diferenciándose del
contexto.
El formato es una interacción contingente: la respuesta de cada miembro depende de la contestación
previa del otro. Los formatos crecen, y pueden hacerlo hasta convertirse en suficientemente complejos. Cuando
se trata de la consecución de objetivos, los formatos pueden incorporar otros medios y otras estrategias,
incluidos los simbólicos o lingüísticos.
El formato integra las intenciones comunicativas del niño en una matriz cultural. Asocia la acción que
se ejerce sobre un objeto con la acción que se ejerce sobre el otro sujeto. Las acciones indefinidas del recién
nacido irán especificándose por la intermediación del otro. El funcionamiento de esta interacción social les
lleva a repeticiones, pero no a repeticiones mecánicas y estereotipadas, sino a repeticiones de las que surgen
cambios imprevistos. Sea como sea, el niño debe disponer de un conjunto complejo de savoir-faire, que sea
transferible y creativo, y que abarque desde lo perceptual o motriz, hasta lo conceptual, social o lingüístico.
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Por medio de la coordinación de esos savoir-faire se lograrán realizaciones que puedan describirse por normas
gramaticales.
En cuanto a la continuidad entre la comunicación prelingüística y la comunicación lingüística, Bruner
subraya los siguientes puntos:
· La correspondencia entre los conceptos sobre el mundo real y las formas gramaticales: es el
problema de la relación entre la semántica y la sintaxis que Bruner no ha estudiado directamente.
· La continuidad entre las funciones de la comunicación prelingüística y la comunicación
lingüística, que ofrece una importante plataforma para el desarrollo de los procedimientos
referenciales y de petición. La continuidad de la función permite un progreso por sustitución. En
relación concretamente con la referencia, la madre mantiene con el niño durante meses una pauta
de interacción constante sobre la denominación de los objetos. La estabilidad del formato hace
que la función se mantenga constante. Cuando el niño adquiere formas nuevas, las utiliza para
cumplir las funciones del viejo formato. Cuando no es capaz de utilizar las formas nuevas, vuelve a
las antiguas. La forma nueva puede transformar o extender la función antigua, pero existe
continuidad. La continuidad funcional proporciona una base al adulto para que pueda sintonizar
adecuadamente con el niño.
· En lo que se refiere a la función constitutiva que cumple el lenguaje en el conocimiento del mundo
real, la función de creación del mundo en el que vive el niño depende de los formatos de los
juegos.
· Respecto a la similaridad de los procesos cognitivos, Bruner dice que los procesos conceptuales
que dan continuidad al desarrollo, procesos comunes a la mente en general y al lenguaje en
particular, son procesos sociales que se comparten en la comunicación prelingüística y
lingüística.
La adquisición temprana del lenguaje depende de la utilización del contexto en la creación e
interpretación de mensajes por parte de la madre y por parte del niño. Una comunicación temprana adecuada
depende de un contexto familiar compartido; en ese contexto los interlocutores pueden manifestar claramente
sus intenciones comunicativas. Pero, para Bruner, tanto los niños como los adultos seleccionan y construyen
el contexto. Los contextos que se crean deben ser manejables, convencionales, de forma que faciliten
manifestar al interlocutor lo que tenemos en mente. Los formatos son versiones especializadas del contexto.
Los primeros formatos están prefabricados: los interlocutores no tienen necesidad de dar pistas sobre el
contexto, porque tratan de interacciones habituales como la comida, los juguetes etc. Cuando se extiende el
campo, se opta por la convencionalización. Los contextos naturales se estructuran en formas convencionales y
se ordenan como formatos.
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legislacion española sobre educacion especial

Legislación nacional
Directiva Nº 001-VMGP/DINEIP/UEE. Normas para la matrícula de estudiantes con necesidades educativas especiales en Instituciones Educativas Inclusivas y en Centros y Programas de Educación Básica Especial

I. FINALIDAD
La presente Directiva tiene por finalidad establecer las normas para el procedimiento de la matrícula de los estudiantes con Necesidades Educativas Especiales - NEE, de acuerdo a lo establecido en el D.S. N° 002-2005-ED, Reglamento de Educación Especial.

II. BASE LEGAL
1. Ley General de Educación Nº 28044 y su modificatoria Ley Nº 28123; Ley 28302 y Ley 28329.
2. Ley Nº 27050, Ley General de la Persona con Discapacidad.
3. Decreto Supremo Nº 026 -2003-ED. Dispone que el Ministerio lleve a cabo planes y proyectos que garanticen la ejecución de acciones sobre una educación inclusiva en el marco de la "Década de la Educación Inclusiva 2003-2012".
4. Decreto Supremo Nº 013-2004-ED, Reglamento de Educación Básica Regular.
5. Decreto Supremo Nº 022-2004-ED, Reglamento de Educación Técnico Productiva.
6. Decreto Supremo N° 009-2005-ED, Aprueba el Reglamento de la Gestión del Sistema Educativo.
7. Decreto Supremo Nº 002-2005-ED, Reglamento de Educación Básica Especial.
8. Decreto Supremo Nº 015-2004-ED, Reglamento de Educación Básica Alternativa.
9. Resolución Ministerial N° 0711-2005-ED, Orientaciones y Normas Nacionales para la Gestión en las Instituciones de Educación Básica y Educación Técnico-Productiva.

III. ALCANCES
1. Instituciones Educativas de la EBR, EBA y ETP.
2. Unidades de Gestión Educativa Local - UGEL.
3. Direcciones Regionales de Educación - DRE.

IV. OBJETIVO
Establecer las competencias de cada una de las instancias del Sector responsables del proceso de matrícula escolar de los estudiantes con Necesidades Educativas Especiales - NEE.

V. INSTITUCIONES EDUCATIVAS PARA LA ATENCIÓN DE ESTUDIANTES CON NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES- NEE
Institución Educativa Inclusiva-IEI, es la institución de Educación Básica Regular, Educación Básica Alternativa o de Educación Técnico Productiva que incorpora en su población escolar a estudiantes con NEE asociadas a discapacidad leve, moderada, o a talento y superdotación.

Centro de Educación Básica Especial-CEBE, es la Institución Educativa que atienden exclusivamente a estudiantes con necesidades educativas especiales asociadas a discapacidad severa y multidiscapacidad, El Servicio de Apoyo y Asesoramiento para la Atención de Estudiantes con Necesidades Educativas Especiales-SAANEE, asume las funciones de impulsar y desarrollar una educación inclusiva de calidad en el ámbito de su jurisdicción.

Programa de Intervención Temprana-PRITE, es un servicio educativo especializado integral dirigido a los niños de 0 a 5 años con discapacidad o en riesgo de adquirirla a cargo de personal profesional interdisciplinario. Tiene carácter no escolarizado con fines de prevención, detección y atención oportuna para el máximo desarrollo de sus potencialidades y posterior derivación al Servicio de Apoyo y Asesoramiento para la Atención de Estudiantes con Necesidades Educativas Especiales-SAANEE.

VI. DISPOSICIONES GENERALES
Todas las niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos con Necesidades Educativas Especiales-NEE, de acuerdo a lo establecido en la Ley General de Educación y sus reglamentos, tienen derecho a acceder al Sistema Educativo Nacional mediante un proceso regular de matrícula, de acuerdo a la edad normativa que corresponde al grado, debiendo utilizarse la ficha única de matrícula.

Las Instituciones de EBR, EBA y ETP deberán matricular a los estudiantes con discapacidad leve o moderada, con discapacidad sensorial, sea ésta parcial o total y los que presentan discapacidad física con el apoyo y asesoramiento del SAANEE o CEBE de su jurisdicción, con arreglo a las normas citadas en el numeral 6.1.

La matrícula para estudiantes con Necesidades Educativas Especiales múltiples, por presentar una discapacidad intelectual severa, asociada a graves trastornos del desarrollo y aquellos que presentan multidiscapacidad, se realiza en Centros de Educación Básica Especial.

El Director o responsable del proceso de matrícula de la Institución Educativa Regular EBR, EBA y ETP es quien hace efectiva la matrícula del menor con Necesidades Educativas Especiales coordinando con el CEBE de su jurisdicción para recibir el apoyo y asesoramiento correspondiente.

En aquellos lugares donde no exista un Centro de Educación Básica Especial - CEBE, será el equipo SAANEE, formado a nivel de la UGEL o de la DRE, quien apoyará la escolaridad del estudiante con NEE.

Si bien la partida de nacimiento, el certificado de discapacidad y la evaluación psicopedagógica son requisitos para la matrícula del menor con NEE, la carencia de los mismos no impide dicho procedimiento. En este sentido, el Director de la Institución Educativa es responsable de asesorar a los padres de familia y coordinar con las instancias pertinentes la obtención de los mismos.

Los requisitos de traslado de matrícula de los estudiantes con NEE son los mismos establecidos para los diferentes niveles y modalidades, incluyendo el informe psicopedagógico si lo hubiera.